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Más programa y menos marketing

| Menorca |

Los movimientos que empiezan a percibirse en partidos y colectivos políticos indican que todas las miradas están ya puestas en las próximas elecciones. Reuniones, gestos de acercamiento, declaraciones cruzadas y estrategias de posicionamiento se suceden con rapidez. Sin embargo, la pregunta verdaderamente relevante no es quién se presentará ni con quién se pactará, sino si la izquierda está realmente preparada para afrontar los problemas urgentes que hoy condicionan la vida en Menorca.

No basta con acuerdos de última hora ni con coaliciones improvisadas construidas a partir de cálculos electorales. La isla necesita una alternativa amplia, coherente y creíble, capaz de presentar un programa sólido, pensado para la mayoría social y no solo para ocupar espacios de poder. Sin una propuesta clara y compartida, cualquier victoria electoral será frágil y efímera.

En los últimos años, la izquierda no ha sido capaz de ofrecer la claridad necesaria para fortalecer el pensamiento crítico ni para elevar la conciencia ciudadana. Y sin pensamiento crítico no hay democracia real. Sin una ciudadanía informada, exigente y organizada, resulta muy difícil afrontar retos que ya están afectando directamente a nuestras vidas: el cambio climático, la desigualdad creciente, la fragilidad de la sanidad y la enseñanza públicas, la gestión del agua, el acceso a la vivienda social, la precariedad laboral o un modelo económico que beneficia a unos pocos mientras la mayoría ve deteriorarse sus condiciones de vida.

Todo ello se agrava en un contexto político en el que las derechas alimentan el miedo, el ruido permanente y el negacionismo, debilitando deliberadamente a las mayorías sociales. Frente a esta estrategia, la tibieza y la moderación mal entendida de amplios sectores de la izquierda no hacen sino reforzar el avance reaccionario.

No necesitamos candidatos que solo aparezcan bien en las fotografías ni perfiles diseñados para el marketing político. Necesitamos personas con conciencia social, solvencia, coherencia y credibilidad. Personas capaces de anteponer el interés colectivo a los protagonismos personales y a la visibilidad mediática. En este punto conviene preguntarse seriamente: ¿para qué sirven los militantes y afiliados si no participan en la construcción del proyecto político?

Aun así, existen ejemplos que deberían servir de inspiración. En Nueva York, decenas de miles de personas se organizaron en torno a un candidato de izquierdas que fue directo y concreto en sus propuestas: alquileres más bajos, transporte público accesible, impuestos justos y servicios sociales fuertes. La ciudadanía no eligió moderación ni ambigüedad; eligió soluciones. Aquella victoria no fue fruto de la improvisación, sino de un programa claro, una organización sólida y un liderazgo firme.

Cuando observo el panorama de las izquierdas en Menorca, no percibo grandes diferencias entre unas y otras. Es cierto que la mayoría defiende el Estado del bienestar y apuesta por mejorar la sanidad y la educación públicas, garantizar el acceso al agua potable, ampliar el alquiler social y reforzar los servicios sociales. Sin embargo, en términos generales, los discursos siguen líneas muy similares.

Desde hace años defiendo en tertulias radiofónicas la creación de un banco de tierras público para Menorca. Algunos responsables políticos presumen de hablar de la isla como Reserva de la Biosfera, pero, en mi opinión, lo hacen con una notable dosis de hipocresía. Esa etiqueta se utiliza de cara a la galería, mientras por detrás se toman decisiones que facilitan la compra de grandes fincas agrícolas por parte de inversores externos. Cambios en el PTI y atajos burocráticos han permitido que miles de hectáreas pasen a manos foráneas sin un debate serio sobre las consecuencias territoriales, sociales y económicas.

Un banco de tierras público permitiría recuperar cientos de hectáreas abandonadas, facilitar el acceso a jóvenes agricultores, impulsar proyectos agroecológicos, frenar la degradación del paisaje y proteger la identidad tradicional de Menorca. Sería una manera coherente de reforzar su carácter de Reserva de la Biosfera y evitar que se convierta, como muchos temen, en una simple «reserva de la billetera».

Vivimos en un contexto marcado por el aumento de las desigualdades, la concentración del capital y la subordinación de la política y la economía europeas a los intereses de grandes oligopolios, muchos de ellos vinculados al poder estadounidense. Resulta preocupante que apenas se reflexione sobre el papel que debería desempeñar la socialdemocracia en el siglo XXI. Sin integrar a la clase trabajadora organizada y sin cuestionar la política como profesión permanente, el margen de avance será muy limitado.

Defender hoy la democracia implica enfrentarse al auge de las derechas neoliberales y populistas, empeñadas en recortar derechos y desmantelar el Estado del bienestar. Frente a la confusión que promueve la derecha reaccionaria, la democracia radical solo puede construirse desde una regeneración profunda del sistema político y económico.

La derecha organizada avanza hacia posiciones cada vez más ultras, mientras muchas izquierdas optan por moderarse, aun cuando esa moderación solo conduce a una sociedad más desigual y a la consolidación de un sistema en el que el 1% acumula el 99% de la riqueza.

Ser de la nueva izquierda, se esté o no afiliado a un partido, no significa abandonar la idea del socialismo ni renunciar a la esperanza de un futuro mejor. Significa repensarlo en una sociedad atravesada por la revolución tecnológica, que está generando profundas desigualdades y una peligrosa pérdida de memoria colectiva, una memoria que debemos recuperar y dignificar.

En estos días de fiestas y felicitaciones no he dejado de pensar en los conflictos que tendremos que afrontar con un gobierno de derechas sometido a las exigencias de VOX y a las consignas de Donald Trump, uno de los personajes más dañinos de la política contemporánea, con seguidores declarados en el PP y su entorno.

Como recordaba Jaume Perich: «El que avisa no es un traidor».

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