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Levantando el velo

Sin acritud: memoria y pregones

Celebración de la Independencia de Es Migjorn como octavo municipio de Menorca. Tirso Pons, Gabriel Cañellas, Cristòfol Moll Huguet y Joan Huguet.    Foto: DIARIO MENORCA

| Menorca |

Este artículo no lo escribo con la prosa acolchada del comunicado ni con el lenguaje pasteurizado del argumentario, sino con pluma antigua y ánimo moderno, al modo de Quevedo, que enseñó que la ironía es la cortesía de la inteligencia y que no hay mayor descortesía que opinar sin memoria.

Vaya esto por delante para que nadie confunda el tono con la intención: aquí no hay agravio, sino precisión; no hay ataque personal, sino defensa de los hechos, que suelen ser más tozudos que las consignas.

Ha afirmado el Secretario general del PSOE de Menorca, que el pregonero de Sant Antoni debería ser alguien que hubiera aportado algo a Menorca. Afirmación impecable. Estoy de acuerdo. Lo discutible —y ahí empieza la comedia— es que, acto seguido, considere usted desacertada mi elección en el 2025 por el simple antecedente de haber militado en el Partido Popular. Tal razonamiento, señor secretario general, nace cojo y camina peor: examina el carnet antes que la obra, y confunde la biografía con el dogma. No es juicio; es reflejo. No es criterio; es trinchera.

Antes de seguir, conviene adelantarse al lector diligente que, con la ceja arqueada y la hemeroteca bajo el brazo, recuerde que Joan Huguet accedió a la Presidencia del Consell Insular mediante una moción de censura con el voto de un tránsfuga.

El hecho es cierto, y no seré yo quien lo niegue. Pero por respeto a mis amigos Berto Moragas y al ya fallecido Joan López Casasnovas, no desarrollaré aquí aquel episodio. Me limitaré a invitarle, con calma y sin megáfono, a que lea el acta del pleno del Consell en el que se sustanció la moción –si no la encuentra yo conservo copia en mis archivos- y saque sus propias conclusiones. Dicho esto, sigamos con el relato, que no se agota en una fecha ni en una votación.

Conviene poner luz donde se ha preferido la sombra. Debe saber que dejé la política activa en 2011. Desde entonces soy un afiliado más del PP: ni cargo, ni liberado, ni activista profesional. Un ciudadano, en suma, que no vive de la política ni para la política. Y si la biografía cuenta —como usted mismo ha establecido—, cuéntese entera, no en versión de bolsillo ni con tachaduras selectivas.

Durante mi presidencia en el Consell Insular de Menorca (1991–1995) se logró algo que hoy parece prodigio bíblico: la unanimidad de todas las fuerzas políticas, ayuntamientos, sindicatos, patronal y sociedad civil para que Menorca fuera declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. No fue una epifanía ni una casualidad astronómica, sino convicción paciente y capacidad de coser voluntades. Ese arte antiguo que hoy se mira con sospecha porque no genera titulares inflamables.

Bajo aquel mandato, y sin ánimo de ser exhaustivo, aquí tiene una breve muestra de alguna de las aportaciones más relevantes: se clausuraron siete vertederos incontrolados, se inició y puso en marcha la planta de compost de Milà, se amplió y mejoró la carretera de Monte Toro, comenzaron los primeros tramos del Camí de Cavalls, se restauró la basílica paleocristiana de Son Bou y se emprendió la primera fase de recuperación del poblado talayótico de Son Catlar.

Se dotó de más de 190 teléfonos a fincas del campo menorquín sin coste alguno; se adquirió el solar de la sede del Consell Insular en Maó y la sede en Ciutadella; se impulsó la restauración de las canteras de s’Hostal; y se puso en marcha un plan de modernización de las instalaciones deportivas en todos los municipios de la isla…. Todo ello sin necesidad de proclamas épicas ni relatos victimistas.

Pero la memoria aún guarda más. Según Miquel Portella, «Joan Huguet fue pieza clave en el proceso que permitió que Es Migjorn Gran se convirtiera en el octavo municipio de Menorca. Primero como entidad local menor, después como municipio de pleno derecho. Un camino largo, técnico y poco vistoso, pero que da dignidad institucional». Vds. mismo valore el hecho.

Antes incluso de mis responsabilidades políticas, fui director de la escuela a la que pusimos el nombre de Francesc d’Albranca, siendo López Casanovas conceller de Cultura, cuando Migjorn aún aprendía a reconocerse.

Y he aquí un detalle que conviene subrayar, por si la realidad incomoda al dogma: fui nombrado pregonero de las fiestas de Migjorn por un alcalde socialista. Socialista, sí. No hubo cisma, ni excomunión, ni protesta en la plaza. Hubo palabras, memoria y convivencia. A veces el pluralismo funciona cuando nadie se empeña en sabotearlo.

Todo ello sin entrar —para no abusar de la paciencia del lector— en mi etapa como vicepresidente del Govern balear entre 1983 y 1991. De eso hace más de cuarenta años, es cierto. Pero hay obras que envejecen con dignidad porque siguen siendo útiles, y hay prejuicios que envejecen mal porque nacieron viejos.

Dígame, señor secretario general: ¿no es aportar a Menorca tejer consensos donde otros levantan trincheras? ¿No es servicio público dejar patrimonio, infraestructuras, instituciones y acuerdos que aún hoy sostienen la isla? ¿O es que la memoria, como algunas conciencias, también necesita permiso del partido?

Quevedo desconfiaba del moralista que confunde virtud con bando y del censor que habla antes de saber. Permítame terminar, pues, con una ironía respetuosa y un punto de humor, que siempre aligera las verdades serias.

La ignorancia es muy atrevida, y usted ha sido muy atrevido en su bienintencionado comentario sobre mi persona. Pero no se aflija: eso es pecado de juventud, y la juventud —si uno lee, estudia y escucha— suele curarse con el tiempo.

Sé que algunos considerarán este articulo como un imprudente pecado de vanidad. Es posible, pero no es esa la intención. No lo es. Es autodefensa.Todo sea dicho con respeto, sin rencor y con la serenidad de quien sabe que, al final, los hechos —a diferencia de las consignas— siempre acaban pregonándose solos.

Bon Sant Antoni.

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