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La piececita suelta

| Menorca |

En el inicio de todos los accidentes, ferroviarios o no, así como en las catástrofes, tragedias y hasta declaraciones de guerra, hay siempre una piececita suelta que no está donde debería estar. La vida es un puzle no necesariamente completo, a veces falta algo desde el principio (mala suerte), y a veces esa pieza que falta no es tal, sino una persona o personas que no hicieron lo que había que hacer. O que tenían malas intenciones, en cuyo caso no fue un accidente. Ah, las piezas sueltas. Puede pasar tiempo, incluso años, hasta que los investigadores, tras desmontar pieza a pieza los restos caóticos del desastre, logren determinar qué piececita falló, o no estaba en su sitio (un trozo de vía, por poner un ejemplo), o estaba mellada y defectuosa. Cuando se trata de una tragedia bélica, con ejércitos y drones enfrentados, o con cargas de caballería y carros de combate si se trata de una guerra antigua, el hallazgo de esas piezas sueltas que provocaron las matanzas ya es tarea de historiadores, y en última instancia de novelistas y cineastas.

Pasma qué pequeña insignificancia, a menudo azarosa (la célebre mariposa de la teoría del caos, que bate las alas en Tel Aviv y provoca grandes tornados en Minnesota, con asesinatos), causa con un leve desajuste la mayor de las desgracias. Accidentales, o que parecen un accidente. Cabe suponer que en los raros momentos felices que acaso todos hemos disfrutado de manera inesperada sucede el fenómeno inverso, y una piececita que no hay aparece misteriosamente, y de pronto ajusta donde tampoco había hueco, y durante un rato todo funciona a la perfección. La felicidad y la alegría también suelen ser un accidente, aunque en este caso no hay forma humana de determinar, ni siquiera rememorando el momento muchos años después, qué pieza usualmente ausente causó tal exaltación. Probablemente, porque se trata de una piececita imaginaria en un puzle mental asimismo imaginario. Con vías de tren, mariposas y numerosas piezas sueltas. Con restos de desastres antiguos. Trabajo de psicólogos y sociólogos, pero también de novelistas y poetas. Todos buscando la piececita que falta, o que sobra, o que no está en su sitio, o es defectuosa.

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