Hace tiempo que dejé de discutir de política con allegados. Me he dado cuenta de que la mayoría de las personas se atienen a la fe que profesan. Siendo así es inútil, quizás incluso falta de tacto, intentar explorar con ellos paradojas, poner en entredicho creencias o expresar dudas sobre lo que ocultan las versiones oficiales.
Imaginemos un seguidor de una de esas sectas americanas en las que el líder incorpora a su harén a toda jovencita que se une a la comunidad; que se enriquece con las donaciones de los adeptos y que profetiza el inminente fin del mundo. Supongamos que, pasada la fecha predicha, y no habiéndose producido el pronosticado apocalipsis, intentara yo, infeliz de mí, convencer a esas gentes de que habían sido engañadas. Encontrarían una excusa para explicar el contratiempo y me tacharían de hereje (o facha en nuestros tiempos). Y quizás tendrían motivo de reprocharme la intromisión: no siendo un ser querido el atrapado en tal secta, nada pinto yo en ese ajo. Mejor que me calle y no toque las narices.
Siguiendo esta línea de pensamiento, me haré el sueco cuando constate que las palabras que pronuncian los amados líderes no se corresponden con sus obras. No discutiré a sus fieles su derecho a seguir confiando. Quizás incluso sea sanador en ellos creer sin matices.
No obstante no renuncio a señalar (a modo estrictamente de cronista) hechos tales como que no hubo armagedón; que Iglesias y Montero se forraron (predicaron y guardaron el trigo en su despensa por si las moscas); que Sánchez y sus ministros saltan de rama en rama esquivando descarrilamientos (también en los tribunales) sin preocuparse demasiado por la gobernación; que el resto de líderes (me agota mencionarlos cada vez, pero son todos, todos esos que dicen tonterías y/o embustes en cuanto ven un micrófono cercano), hablan y hablan asumiendo lo que las encuestas les recomiendan decir, sin por ello sentir la menor vergüenza torera.
También me atrevo a señalar otra circunstancia curiosa: dado que Trump es de derechas e Irán es de izquierdas; como el feminismo es de izquierdas y el machismo de derechas, las feministas de izquierdas aprueban que los ayatolás obliguen a las mujeres a llevar bien colocado el velo, o al menos no dicen nada al respecto.
Como Maduro es de izquierdas, aunque es un poquito malo, no lo es demasiado, ya que Trump (de derechas) le ha capturado, y Trump es malo.
Quizás sería oportuno en estas paradójicas circunstancias explorar la posibilidad de que sean malos de narices tanto Trump como Maduro y los Ayatolás. No pasaría nada grave si se valorase así la situación, y tendría la ventaja de que no hay que hacer malabarismos extraños con la coherencia y la lógica.
Voy todavía a señalar otra mácula que detecto en la especie humana: una tendencia irrefrenable a usar distintas varas de medir según sea el afectado:
Los canallas que atesoran varias casas son muy malos, excepto que se llamen Wyoming o que nos refiramos a tu hijo cuando herede tu actual hogar, tu casa de veraneo y sume su propia vivienda y la de sus suegros a tal patrimonio.
Por similar mecanismo hay que proteger al okupa excepto si la casa que ocupa es la tuya o la de tu hijo.
Los hechos me han conducido a desencantarme del mamoneo político. Sostengo que en el hemiciclo no hay diputado que tenga realmente unos principios (excepto el de vivir bien a expensas nuestra). Si acaso hay gente entre ellos con un ideal sean los nacionalistas que aspiran a la independencia (o a la pasta, en su defecto) aunque en ocasiones ese ideal (el de la independencia, no el otro) se diluye bastante (Rufián, verbigracia).
En definitiva mi desencantada reflexión culmina con un ruego:
Respetando el derecho de todo ciudadano a adherirse a la creencia que considere oportuna y a perdonar a sus líderes sus trapicheos, agradecería que les transmitiesen la conveniencia de dilapidar un poco menos el dinero público en general y en particular que se pagaran de su bolsillo los medios de comunicación que necesitan para mantener vivo su relato fantasioso.
Que me den por saco pagando yo la cama, me irrita sobremanera.