Querido Cipriano: Hoy mi comentario semanal va dedicado a ti con la emoción contenida y la memoria despierta, como quien abre un archivo íntimo de momentos que ya forman parte de la historia y, al mismo tiempo, de la amistad. Me resulta difícil aceptar tu ausencia, porque tu presencia —discreta, firme, siempre generosa— fue durante tantos años una constante en los proyectos que marcaron un antes y un después para Menorca.
Quiero dejar constancia, en estas líneas, de un reconocimiento que nace no solo del cargo que un día ostenté como Presidente del Consell Insular, sino, sobre todo, del respeto y el afecto que te profesé como amigo y como compañero de travesía en una de las gestas más significativas de nuestra tierra: el camino que condujo a Menorca a ser declarada Reserva de la Biosfera.
Aún conservo nítidas las imágenes de aquellas reuniones en la presidencia del Consell Insular. Fue allí donde, junto a Joan Rita y Miquel Vidal, asumisteis la responsabilidad de preparar el dosier informativo que debía sostener, con rigor y solvencia, nuestra candidatura ante la UNESCO. Recuerdo la seriedad con la que aceptasteis aquel encargo y la profesionalidad con la que lo llevasteis a término, siempre alejados de cualquier tipo de presión o influencia política, guiados únicamente por la convicción de que Menorca merecía ser presentada al mundo con la verdad de su patrimonio natural, cultural y humano.
De ti, Cipriano, quiero destacar algo que todos los que te conocimos valoramos profundamente: tu permanente predisposición a colaborar con la institución, tu disponibilidad sin alardes, tu manera serena de sumar en lugar de imponer. Esa actitud quedó demostrada, una vez más, cuando pusimos en marcha el proyecto piloto de turismo cultural. En aquella iniciativa, en la que participó de manera activa y principal como redactor el arqueólogo D. Nicolás, tu ayuda fue decisiva para que Menorca pudiera presentar la Carta Turística de las Islas en el Foro de Lanzarote y asi intervinimos de forma conjunta en la Conferencia Mundial de Turismo Sostenible. Un hito que marcó otro de los grandes momentos de nuestro compromiso compartido, que guardo en la memoria, con especial emoción.
Allí no solo tuve la oportunidad de estar presente, sino de intervenir para presentar y defender la Carta que tú habías preparado con tanta brillantez y rigor, y que sería aprobada posteriormente como la Carta Mundial de Turismo Sostenible, conocida desde entonces como la «Carta de Lanzarote».
Fue precisamente aquel hecho el que, gracias a tu impulso y confianza, motivó que fuera elegido vicepresidente de Insula, institución de la que tú eras secretario general. De todo ello, y de mucho más, da fiel testimonio la hemeroteca del Diario MENORCA, que conservo celosamente en mi archivo personal, cuyo editor, Josep Pons Fraga, acaba de publicar una extensa necrológica que retrata con justicia tus capacidades, tu personalidad y tu amor a Menorca, sirviendo siempre a la institución insular con lealtad, eficacia y profesionalidad, al margen de los colores políticos que en cada momento pudieran estar al frente del Consell.
Debo confesarte que tu fallecimiento, por mi no esperado, me resulta difícil de asumir, quizá porque la huella que dejaste es tan viva que cuesta imaginarte lejos de nosotros. Nos unía una amistad grande y profunda, forjada no solo en el trabajo compartido, sino en las conversaciones, en las confidencias y en esa complicidad que nace cuando dos personas creen en un mismo proyecto de futuro. Fue a través de ti, además, que conocí a Tomás Azcárate, piedra angular en la negociación con la UNESCO, otro de esos nombres que, como el tuyo, quedarán grabados en la historia de Menorca.
No puedo dejar de recordar aquel momento especial en el que Tomás Azcárate, tú mismo y Joan Rita, junto con Miquel Àngel Limon – en representación de nuestro recordado Miquel Vidal-, ilustrasteis, cada uno por separado, el comentario de cierre del libro «25 años de Menorca Reserva de la Biosfera», una obra que tuve el honor de realizar junto con la periodista Laura Pons.
Y permíteme, querido Cipriano, añadir aquí una referencia que tú mismo dejaste sobre mi persona en la página 122 de ese mismo libro, y que hoy quiero traer no como elogio, sino como un gesto más de la generosidad con la que siempre supiste mirar a los demás. Escribiste:
«Joan Huguet, un presidente insular atípico…, que fue capaz de entender que una propuesta de Reserva era un programa de futuro y con futuro…»
Y así fue, así es y espero que siga siendo. Y como he manifestado en más de una ocasión, se lo debíamos a la memoria de nuestros padres y, de manera especial, a la obligación de legarlo a nuestros hijos y nietos.
Quede claro en estas líneas que toda mención a mi persona no es sino una expresión de agradecimiento y gratitud hacia ti, hacia tu mirada amplia y tu forma noble de reconocer el esfuerzo colectivo. En esas páginas quedó reflejada no solo la trayectoria de un reconocimiento internacional, sino también el espíritu de quienes, como tú, trabajaron con discreción y entrega para hacerlo posible.
Cipriano, esta epístola no pretende ser un adiós, sino un agradecimiento que se prolonga en el tiempo. Gracias por tu amistad, por tu compromiso con Menorca y por tu manera honesta de servir a una causa que trascendía cualquier interés personal. Allí donde estés, quiero pensar que sigues observando esta isla que tanto amaste, sabiendo que tu nombre forma ya parte inseparable de su memoria y de su historia. Gracias.
Con afecto y admiración eternos, Joan Huguet, tu amigo.