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Del siglo XX al presente

El miedo del poder a la soberanía popular

| Menorca |

En los últimos años, muchos intelectuales y teóricos políticos recurren a citar a Hannah Arendt para abordar el totalitarismo, entendido como una política basada en regímenes de partido único, como los que se consolidaron tras la Segunda Guerra Mundial. En aquel contexto, los vencedores se repartieron zonas de influencia y, en lugar de seguir profundizando en la democracia para avanzar en respuestas sociales y frenar las grandes desigualdades —que condenaban a cientos de millones de personas a la hambruna y a la ausencia total de asistencia sanitaria—, optaron por continuar el saqueo de los recursos naturales de esos pueblos. Las grandes potencias impusieron sus normas para mantener a otros países sometidos, unos bajo el sistema del comunismo y otros bajo el del capitalismo.

Arendt analizó con profundidad el fenómeno del totalitarismo en el comunismo, pero no desarrolló un estudio político e histórico de otras derivas posibles, como el autoritarismo que emerge del capitalismo en crisis, ni de experiencias que ensayaron una vía distinta, como la emprendida por el Partido Comunista Italiano (PCI), orientada a una transición al socialismo mediante el desarrollo democrático. En esta dirección se inscribieron numerosos partidos en Europa y en otros países del mundo. Hoy todavía persiste la expectativa de que la socialdemocracia sea capaz de ofrecer una respuesta al neoliberalismo, en un contexto en el que el desprecio por lo público ha adquirido un carácter hegemónico

Esta propuesta ideológica fue asumida también por Salvador Allende en Chile. Sin embargo, el imperialismo neoliberal estadounidense, con Henry Kissinger como figura clave, no aceptó esta experiencia y promovió un golpe militar que sirvió de ensayo para someter a toda América Latina a sus intereses. De este modo, recordamos hoy la brutal tiranía posterior: ejecuciones, torturas, purgas y la destrucción sistemática de la vida intelectual.

Actualmente contamos con numerosas aportaciones historiográficas que nos ayudan a comprender el proceso mundial tras un siglo marcado por grandes guerras y cientos de millones de personas muertas. Autores como Christopher Hill, E. J. Hobsbawm, Tony Judt, Josep Fontana, Timothy Garton Ash, Timothy Snyder, E. P. Thompson, Ian Kershaw, Richard Evans, Neil Faulkner, entre muchos otros, han sido fundamentales para comprender el siglo XX.    Sin esas lecturas todo hubiera quedado en el silencio. Ellas constituyen la base de la cultura que asumo: europeísta, pacifista y de izquierdas.

Podemos recordar también la Primavera de Praga y otras corrientes eurocomunistas de la década de los setenta del pasado siglo, que reivindicaban la libertad y la democracia no solo para los países bajo regímenes comunistas, sino para todo Occidente, de modo que los pueblos pudieran decidir libremente sus alternativas de forma autónoma, sin estar sometidos al militarismo ni al poder económico.

Se realizan grandes esfuerzos, desde los medios en manos de la oligarquía económica, por cargar toda la responsabilidad histórica sobre el comunismo. Sin embargo, existe una clara mala voluntad por parte de la gran potencia hegemónica para suprimir derechos humanos, imponer el militarismo y exterminar ideológicamente cualquier forma de democracia real, con el objetivo de seguir dominando el mundo. No se trata solo de estas acciones: también se desmantelan todas las instituciones internacionales que puedan frenar las políticas neoliberales y neofascistas.

¿Por qué molestan al totalitarismo trumpista organismos como la ONU, la Unesco, la Corte Penal Internacional, la Unión Europea, la OMS, los BRICS, la Unrwa o los acuerdos de Kioto sobre el cambio climático? ¿Por qué, siendo tan fuerte, Estados Unidos está perdiendo hegemonía en el mundo en plena revolución tecnológica y de la inteligencia artificial? ¿Por qué ejerce grandes presiones a través del FMI, el Banco Mundial y la OMC? La respuesta es clara: no acepta límites a su soberanía ni fallos jurídicos vinculantes que afecten a su política exterior. No hay diferencias entre los que defienden a Trump con los de Putin. Su fuerza está en las armas.

Observo la acritud de algunos militantes y funcionarios de partidos y, ante ello, les recomendaría dedicar unas horas a leer a Carlos M. Cipolla, quien explica con ironía lo preocupante de la estupidez humana en «Allegro ma non troppo». Tal vez así comprendan mejor la realidad actual y, de paso, se diviertan. Porque, por más que se ataque a los colectivos que han conquistado derechos sociales, el mundo seguirá dividido en clases y, más pronto que tarde, será imprescindible un acuerdo universal frente al peligro que nos acecha, del que nadie podrá escapar en esta nave común que habitamos.

Para los agnósticos les recomiendo el libro «El infinito en un junco» de Irene Vallejo, para que asuman que ellos son parte de esta memoria colectiva.

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