Cargarse mucho de razón no es forma de razonar, porque precisamente las gentes más cargadas de razón, sobre todo de razones históricas, son las que más desbarran, y si no les sigues la corriente se les va totalmente la olla por el peso de sus fundamentalismos. Por eso hay tanto fanático hoy en día. Que el sueño de la razón produce monstruos ya lo sabemos por Los caprichos de Goya, pero no solo el sueño, también el exceso y la saturación de razones producen monstruosidades de obesidad mórbida, muy enojados y ofendidos, que al saberse víctimas de la sinrazón, basan su supervivencia en atacar. Y atacar, y seguir atacando. El ejemplo supremo es ahora Israel, que tras siglos cargándose de razón (milenios, en realidad, desde mucho antes de existir como Estado) y sin dejar nunca de ser la víctima, ya ha perdido definitivamente la capacidad de raciocinio y prefiere el genocidio. Pero sin acudir a ejemplo tan extremo, no cabe duda de que cada vez hay más gente y más grupos, tanto de derechas como de izquierdas, religiosos o ateos, patriotas o expatriados, cargándose de razón y de afrentas. En silencio, refunfuñando o a grito pelado, modalidad favorita de las derechas, que suelen cargarse por la boca. No hace falta razonar este fenómeno, porque lo sufrimos a diario, y ya se sabe lo que pasa cuando por la fuerza de la gravedad chocan dos grupos cargados de razón. Cuando yo me despierto demasiado razonable, procuro volverme a dormir de inmediato en evitación de males mayores. Mejor no exponerse a los excesos de razón. En cambio, los días que amanezco irracional, o con fuerte tendencia a la irracionalidad y la despreocupación, suelen luego transcurrir de forma favorable, felizmente rutinaria, sin problemas ni sobresaltos. Con cierto fatalismo relajado y amable, un poco frívolo, que según noto agradecen los encuentros casuales. Y los párrafos como este. A la gente, no digamos a nuestros dirigentes políticos, les encanta tener razón, y cuanta más mejor. Vale, hasta ahí nada que objetar, todo el mundo tiene derecho a darse un gusto. Pero lo de cargarse… A partir de cierta acumulación de razones se deja de razonar, se empieza a chillar. Es inevitable, lo he comprobado.
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