El soldado de reemplazo Josep Maria Contijoch excombatiente de la guerra de Ifni, falleció el pasado día 15 de enero a los 91 años. Esta Tribuna va dedicada a él y a los miles de «contijoch´s» que sirvieron con lealtad a España durante siglos.
¡No hemos podido, querido Contijoch!
¡Quizás no hemos sabido y pedimos perdón!
Te prometimos allá por el año 2000 que los archivos y testimonios sobre vuestra presencia y esfuerzos en Ifni, serían guardados y respetados en el Museo Militar de Montjuïc. Y te has ido, superados los noventa, como se han ido 421 de aquellos 681 que formasteis en 2002 la «Associació Catalana de Veterans de Sidi Ifni». En reciente Tribuna de «La Razón», medio siempre sensible a estos aspectos humanos1 dediqué un recuerdo a vuestras especiales Navidades de 1957 en una T’Zelata asediada por aquellas denominadas «bandas incontroladas», dirigidas desde Rabat. No pude imaginar entonces, lo que resultó ser una premonición, refiriéndome a vuestras vivencias que ya habías plasmado en 2002 en un libro de obligada lectura si se quiere conocer lo que pasó aquellos años2. Luego junto a otros compañeros, publicasteis en 2017 las «Fotografías de Ifni, originales de los veteranos», otro documento básico para comprender aquellos tiempos. Más adelante, conseguisteis levantar un monumento en Almacelles dedicado a todos los muertos y bajas de la guerra de Ifni, que como bien señalaba vuestro presidente Miguel Querol -que tristemente también nos ha dejado- «es el único que existe en España». Porque hablamos, según cifras oficiales, de 199 muertos, 80 desaparecidos y 593 heridos. ¡Bien merecen nuestro recuerdo!
¡Claro que estábamos obligados a apoyaros cuando acudisteis a la Capitanía General de Barcelona, reivindicando vuestro testimonio, pidiendo resguardo para vuestro rico legado!
Pero la política es fría, muchas veces, cruel. Una discutible Orden del Ministerio de Economía y Hacienda de abril de 2007, sustituía a una Ley de Cortes de 1960 referida al Castillo de Montjuïc, modificando el fin y las condiciones por las que se cedía la fortaleza al Ayuntamiento de Barcelona. Entonces se decidió «destinarlo a centro de la paz». ¡Elemental! Se creaba un Consorcio para su gestión, formado por el propio Ayuntamiento, el Ministerio de Defensa y la Generalitat de Cataluña. Pues bien, tras 18 años de incumplimiento flagrante de la O.M., no se ha hecho nada más que demoler y permitir por falta de mantenimiento, que la inmensa fortaleza se degrade peligrosamente.
2 Este remodelado Centro, debía albergar toda vuestra historia, como debía hacerlo de la de los Aviadores de la República que también depositaron confiados sus archivos en el Museo. ¡Y de tantos otros relacionados con la historia de Barcelona, desde Roger de Flor, la expansión por el Mediterráneo, Lepanto, Orán, el Colegio de Matemáticas de Barcelona, los voluntarios de Prim, hasta las unidades de Cataluña desplegadas recientemente en misiones exteriores como el Batallón «Barcelona» en El Líbano!
¿Qué se ha hecho en 18 años? ¡Inútiles, fariseos e incapaces de afrontar la realidad, unidos!
Bien sé que Montjuïc se presta para diferentes interpretaciones y sensibilidades. Como todas las fortalezas europeas y americanas, el Castillo ha sido testigo de todo lo que el ser humano es capaz de hacer, aparte de la principal función por la que fue diseñado por un ingeniero militar excepcional como Juan Martín Zermeño
2 Cúmulo de tantas vivencias, debe integrarlas todas, con sus luces y sus sombras, si ciertamente queremos hablar de paz. Porque si el foso de Santa Eulalia fue testigo del fusilamiento de Companys en octubre de 1940, el inmediato de Santa Elena lo fue de los fusilamientos, entre el agosto de 1936 (Goded y Burriel) y 1938 (Catalina Viader y Carmen Vidal) -de 258 barceloneses. Luego, la represión del final de la guerra continuaría la tragedia. ¡Pues, también hay que contarla! Pero, ¿no es tiempo ya, de superar estos tristes acontecimientos? ¿Qué ha ganado el Ayuntamiento de Barcelona arrasando los memoriales de unos en Santa Elena, con la excusa de estar próximos a los de Santa Eulalia? Ha vuelto a abrir heridas ¿No sería mejor recordarlos a todos?
¡Cuántas veces hablamos de todo esto, querido Contijoch! Los años y las experiencias nos llevaban a unas mismas conclusiones: «solo el día en que todos asumamos, que cabemos todos, conseguiremos una sólida paz». ¿No era esta la orientación del nuevo Museo? ¿Es que vosotros, aquellos soldados de reemplazo, buscabais la guerra, cuando asumisteis obligaciones con vuestra sociedad, muy por encima de vuestros propios derechos, «sin pedir ni rehusar», como rezan nuestras ordenanzas.
¡Como la fe mueve montañas, sé que recuperaremos el Museo Militar en la montaña de Montjuïc! Allí, la sala dedicada al servicio militar obligatorio, deberá llevar tu nombre, querido Contijoch!
1 Navidad en T'Zelata. 25 diciembre 2025
2 «Impresiones de un movilizado». Ed. Cossetánia.Valls.2002
* Artículo publicado en «La Razón» el jueves 5 de febrero de 2026.