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Tribuna

Bajeza moral

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La exconcejala del PP en Móstoles ha puesto por escrito, con fechas, correos y nombres, el desprecio de los suyos hacia una nueva denuncia de acoso sexual y laboral. Nueve correos a Ayuso, reuniones con la dirección del partido, un escrito al comité de garantías nacional del PP, todo agua de borrajas. Este comité de la vergüenza se convierte así en un agujero negro, diseñado para enterrar quejas y proteger las siglas de determinadas personas. El resultado es silencio, la mirada hacia otro lado y, lo que roza lo grotesco, la protección del alcalde. La forma más cruda de la violencia y el mecanismo habitual cuando la víctima se convierte en un problema interno. El acreditar ese desprecio con pruebas, como bien ha hecho esta exconcejala, es poner un espejo delante de la bajeza moral de aquellos que utilizan la palabra libertad tan solo como un eslogan de campaña, pura decoración y sonrisas dentífricas. No es tan solo un fallo administrativo, claro que no, es más bien una gestión consciente de la total impunidad. La esencia de un sistema. Porque que una dirigente autonómica que, pese a su estupidez manifiesta, se presenta como adalid de la libertad ignore durante meses a una mujer de su propio partido que denuncia un caso de acoso dice más que cualquier eslogan. Esa supuesta libertad, al parecer, llega hasta la puerta del despacho del alcalde. Más allá ni hablar del peluquín. El mensaje que se envía es que si te atreves a denunciar estarás sola, y allá tú con las consecuencias, porque todo es puro decorado de cartón. La auténtica política se ve en lo que haces cuando la denuncia incomoda, duele, no cuando te sirve para quedar bien en una foto casposa. Lo que queda retratado en este turbio asunto es la cobardía de quienes tenían la obligación de proteger a la exconcejala de Móstoles y prefirieron mantener el poder a salvo.

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