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Les coses senzilles

Ver y no creer

| Menorca |

El uso de la falsedad desde el poder es un fenómeno más antiguo que andar a pie, pero en nuestro tiempo ha alcanzado una sofisticación turbadora. La mentira ya no se impone sólo por la censura o la violencia, ni siquiera por la propaganda de vencedores sobre vencidos, como las hazañas de los faraones grabadas sobre las columnas de los templos egipcios. Hoy basta con la repetición constante, la machaconería informativa, la creación de un relato «oficial» que acaba imponiéndose a lo que ven nuestros ojos y a la experiencia cotidiana que vivimos. Calumnia, que algo queda, decía Cela, y es muy conocida la locución italiana que asegura que «si non è vero è ben trovato» aunque no sea cierto, está bien hallado. Se repite una versión de los hechos una y otra vez hasta que dejamos de creer lo que vemos y aceptamos como verdadera la interpretación difundida desde los medios audiovisuales o escritos, las redes sociales, los influencers, la versión partidista de los políticos, la propaganda electoral o cualquier otro instrumento del poder.

Esta realidad me recuerda en cierto modo la distopía descrita por George Orwell en su novela «1984». En aquel mundo dominado por el Gran Hermano, la manipulación no consistía sólo en ocultar la realidad, sino en reescribirla hasta lograr que la sociedad aceptara como verdad lo que se difundía desde el control, lo que contradecía la evidencia, lo que esclavizaba al mundo. La sumisión mental del poder. La sumisión total. Orwell, cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair, fue un escritor y periodista británico de ideología socialista democrática, profundamente crítico tanto con el totalitarismo de derechas como con el de izquierdas. Obras como «Rebelión en la granja» o «Homenaje a Cataluña» proceden de su experiencia directa y de su rechazo a la manipulación ideológica y al uso del engaño como instrumento de dominio. Hoy el Gran Hermano ya no necesita una única pantalla vigilante. Se ha fragmentado en miles de dispositivos, perfiles y tendencias. «Los medios», entendidos en un sentido amplio, dictan lo que uno debe pensar, vestir o desear. La falsedad triunfa cuando deja de parecer mentira. Sobran millones de prendas de ropa en el mundo y, sin embargo, basta con que una consigna se vuelva viral para que multitudes adopten una moda absurda: si mañana internet proclama un día sin pantalones, muchos saldrán a la calle sin pantalones, convencidos de que esa es la nueva normalidad, convencidos incluso de que los llevan puestos.

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