El pasado día dos de este mes tuve la oportunidad de participar en el acto de presentación de NEOS en Palma. Lo hice de manera consciente, libre y gustosa. No desde la militancia partidista ni desde una adhesión acrítica a ninguna sigla, sino desde mi independencia personal y desde la convicción de que existen valores y principios que merecen ser defendidos en el espacio público, especialmente cuando hacerlo no es lo más cómodo ni lo más popular.
Así que, mi presencia en este acto respondió, fundamentalmente, a tres razones: la coincidencia con los principios que defiende NEOS, un compromiso moral y ético personal con la coherencia, y el respeto y la amistad hacia una figura que considero un referente en la defensa de dichos principios, Jaime Mayor Oreja.
En primer lugar, participé porque comparto, desde mi independencia, la mayor parte de los valores que NEOS propone para el debate público. NEOS no se presenta como una estructura dogmática ni como un proyecto cerrado, sino como un espacio de reflexión y acción que da voz a ideas que muchos ciudadanos comparten, aunque no siempre encuentren cauces claros para expresarlas con libertad.
Hablamos de la dignidad de la persona, de la defensa de la libertad, de la responsabilidad individual, de la importancia de la familia, de la protección de la vida desde la concepción hasta la muerte, de la libertad de educación y del respeto a nuestras raíces culturales e históricas. Estos valores no pertenecen a una ideología concreta ni a una época superada. Son principios universales que han estado en la base de las sociedades democráticas y del desarrollo de los derechos y libertades que hoy consideramos fundamentales. Defenderlos hoy no implica nostalgia del pasado, sino responsabilidad hacia el futuro.
La segunda razón es más íntima y personal: un compromiso moral y ético conmigo mismo. Vivimos tiempos en los que resulta tentador callar, mirar hacia otro lado o adaptarse al discurso dominante para evitar críticas o conflictos. Sin embargo, creo firmemente que la coherencia personal es uno de los bienes más valiosos que podemos preservar. Participar en este acto fue una manera de afirmar que no todo da igual, que no todas las ideas son intercambiables y que existen principios que merecen ser defendidos incluso cuando hacerlo no resulta rentable socialmente.
No se trata de imponer convicciones, sino de ejercer con libertad el derecho a expresarlas. El verdadero pluralismo no consiste en que todos pensemos igual, sino en que podamos pensar distinto y expresarlo sin miedo. Una sociedad democrática madura no teme al disenso, lo integra y lo escucha.
La tercera razón de mi participación fue el reconocimiento y la amistad hacia Jaime Mayor Oreja. Lo considero un auténtico baluarte en la defensa de los principios cristianos que, junto con la filosofía griega y la cultura romana, han configurado el devenir de Europa. Jerusalén, Atenas y Roma no son simples referencias académicas, sino los pilares sobre los que se construyeron conceptos como la dignidad humana, la ley, la razón, la libertad de conciencia y la responsabilidad moral.
Reconocer estas raíces no es un ejercicio de exclusión ni de superioridad cultural, sino de honestidad histórica. Europa, y España en particular, no se entienden sin estas influencias. Ignorarlas o despreciarlas empobrece el debate y dificulta comprender quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Hoy, muchos de estos valores son relativizados o marginados en nombre de una falsa neutralidad que, en ocasiones, acaba siendo selectiva.
Defender la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la igualdad ante la ley no es una causa de unos pocos, sino una garantía para todos. Una democracia sana no decide qué creencias son respetables y cuáles pueden ser ridiculizadas según el clima ideológico del momento.
En este contexto, defender los principios que inspiran a NEOS se ha convertido, paradójicamente, en un acto casi revolucionario. No una revolución violenta o excluyente, sino una revolución pacífica, cívica y profundamente democrática: defender la dignidad de toda persona, apostar por la libertad frente a la imposición, promover el diálogo frente al enfrentamiento y sostener la verdad y la coherencia frente al oportunismo.
Con frecuencia, quienes participan en iniciativas como NEOS son etiquetados de manera simplista. Las etiquetas sustituyen al debate y evitan la reflexión. La historia del siglo XX nos recuerda que los totalitarismos, de cualquier signo, compartieron la negación de la libertad individual y la persecución de toda convicción moral o religiosa independiente del poder. Recordarlo no es reabrir heridas, sino aprender para no repetir errores.
Mi invitación no es a que todos piensen como NEOS. La invitación es a pensar más, leer más, escuchar más y debatir con mayor profundidad y respeto. Una sociedad fuerte no es la que silencia las voces incómodas, sino la que sabe integrarlas en una conversación común. Y ello se consigue si no nos acomodamos a la dictadura del silencio
Por todo ello participé gustosamente, sin ser miembro de NEOS, en el acto de presentación en Palma: por convicción, por coherencia personal y por respeto a quienes han dedicado su vida a defender principios esenciales para nuestra historia y nuestra democracia. Defender ideas y valores no debería ser motivo de confrontación, sino una oportunidad para fortalecerla.