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¡Hola cerebro!

| Menorca |

Cuando estoy por esos mundos durante un largo tiempo, al menos yo, meto en la maleta un número importante de libros pero también la tecnología me sirve para estar al día de lo que pasa... así que confieso que uso ese sistema para poder saber.

Y pensaréis, normal que use el móvil o el IPad o el ordenador... ¡Ya! Eso es lo normal... pues os digo que esa «normalidad» me está haciendo más tonta... Sí, sí, menos creativa, menos aventurera, ¡más máquina!

Me explico. Somos mi marido y yo amantes de viajar. Si lo pienso bien es de las cosas que más me gusta hacer y en cuanto podemos, ¡zas, allá vamos! Pero me doy cuenta de que ahora, a pesar de que seguimos preparando los viajes con entusiasmo, una vez estamos por ahí... el móvil pasa a ser instrumento necesario...

¡Y diréis! Pués claro, es ¡fantástico! porque te ayuda en momentos difíciles, te ofrece seguridad, te indica dónde puedes dormir, dónde comer, qué ver, y sobre todo ya no te pierdes en los caminos que recorres, el GPS te guía.

Y ahí es donde quiero incidir en mi comentario de hoy, porque estoy convencida que esta tecnología nos está haciendo más atontados.

Uno de los placeres de viajar es no conocer del todo qué te espera a lo largo del trayecto, el poder escoger sin que quién te guíe sea esa máquina, dejarte llevar por el instinto, aún siendo consciente de que puedes equivocarte.

Otro de los placeres es no tener la necesidad de buscar sitio para comer.., jaja. Quienes han viajado con nosotros (casi siempre lo hacemos en coche) saben que nuestra «despensa viajera» es mínima… agua, galletas de soda, algún fruto seco y quizás fruta... así que no perdemos ni un minuto yendo a restaurantes famosos o que nos han «recomendado», eso sí, si divisamos un espacio donde la gente local está, allí vamos...

Y que me decís de conducir sin un destino determinado... el placer de aventurarse, el no placer de la expectativa sobre ¡qué vamos a ver o encontrar!

Ahora me he enrollado... perdón. A lo que iba. Es a que estoy convencida de que, poco a poco, perdemos intuición, una incerteza bondadosa ¿qué vamos a encontrar? ¿Dónde podremos abastecernos? ¿Dónde dormiremos hoy? Esa sensación tan estimulante de aventura...

Y no me vengáis con el tema de la edad... La edad se mide por el interés, la curiosidad, el hecho de lanzarte a una experiencia que, de antemano, has escogido.

Y mirando las noticias leo un artículo que me hace darle al tarro y comprobar que incluso yo, que no soy una adicta a la tecnología, sinó que prefiero «dejar el móvil en casa» siempre que puedo, pues eso que incluso yo lo uso en cosas que antes me hacían ejercitar la mente.

Pro Torres, fundador de Miba escribe en el «Financial Times» un artículo titulado «La catástrofe tecnológica en tu bolsillo»… una fantástica reflexión sobre lo que os cuento. Bueno él lo hace mucho mejor que yo, pero en resumen y refiriéndose a «catástrofe» alude a tres cuestiones... alucinareis:

- La funda del móvil: ¿a qué se refiere? Pues te reto a sacar la funda de tu móvil durante un par de días... prueba y adivinarás.

El «scroll» infinito: nos roba ese momento de pensamiento antes de decidir... mata nuestra intuición... la excitación de saber si hemos elegido el camino adecuado...

Y las puntuaciones... lo peor.

¿Dejamos que los algoritmos sean nuestro cerebro?

Si tenéis oportunidad os aconsejo su lectura... no puedo estar más de acuerdo con él.

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