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Los negacionistas

| Menorca |

Por el bulevar de la convivencia, deambulan los adictos a la contradicción, daltónicos que siempre ven el color distinto a como lo vemos los demás. ¿Cambio climático?, quite usted allá, lo que pasa es que hay gente que vive en una nube que se han inventado. Pues no creo que lo que ha estado cayendo en Andalucía en particular, y en general en casi toda España y Portugal, incluso en un país tan poco propenso a verse anegado por el agua como Marruecos, sea una cosa de nubes mentales y sí más parecidas a las nubes que llevaron la dana a Paiporta y con ella la destrucción, la muerte y a Carlos Mazón a su autodestrucción como político fiable. Ya me extraña que los negacionistas no hayan tenido aún la pueril ocurrencia de decirles a quienes les escuchan que más llovió cuando el diluvio universal y no existía la letanía verbal de lo del cambio climático.   

Es un honesto ejercicio de sensatez y ordenamiento mental que repasemos quiénes son los grandes negacionistas, que los encontraremos mayormente afincados en la política a la que contaminan con peligrosas veleidades que llevan al prójimo a la inquietud de no saber qué será lo siguiente. No alcanzo a comprender cómo puede haber tanto necio con poder.

Los científicos les dan la razón a los naturalistas y ecologistas que llevan años predicando en el desierto diciendo que hay que cuidar los ecosistemas, reducir el uso de la energía fósil. En eso de cuidar nuestro entorno, solo como un ejemplo que tienen muy a la mano, prueben a ir a un lavabo de un bar o restaurante un fin de semana y verán lo poco que cuidamos nuestro entorno. Eso ha de salirnos muy caro ya nos está saliendo carísimo coleccionando borrascas destructivas, subidas de nivel del mar, en zonas que están ya en la lista de la geografía civilizada que se va a tragar las aguas de unos ecosistemas cada vez más amenazados y aun así no somos capaces de ver que vamos por camino equivocado.

Algunos negacionistas no alcanzan a dar argumentos convincentes a la destructiva acumulación de incendios del último verano que sumió algunas zonas en el zaguán de Pedro Botero, ardiendo de nuevo lo que había ardido y había sido apagado hacía dos o tres días. Algunos equipos de bomberos no recordaban una cosa igual después de llevar toda la vida apagando fuegos en el monte. Las borrascas encadenadas como eslabones de una horrorosa cadena, obligando en algunos embalses y pantanos a tener que abrir las compuertas de par en par, y era más el agua que entraba que la que salía. Los expertos en reservas hidrológicas tienen que echar mano de su mejor saber para dar explicaciones de lo que ha estado pasando.

A los negacionistas no les vendría nada mal recordar lo que dice la copla popular: «si san Pedro no negase a Cristo como negó, otro gallo le cantase mejor que el que le cantó».

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