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Estados Unidos: cuando fuimos fronterizos

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Al conmemorar los 250 de aquel 4 de julio de 1776, en que se declaraba en Filadelfia la independencia de los Estados Unidos, es oportuno recordar los tiempos en que el Reino de España compartió con ellos frontera común.

Tras dos años de trabajos, el 22 de febrero de 1821 el Secretario de Estado americano John Adams y el Embajador Luis de Onís, firmaban el «Tratado de amistad, arreglo de diferencias y limites, entre el Rey de España y los EE.UU. de América». Precisos los tres conceptos. Ajeno a este acuerdo, también el mismo febrero, tras un largo proceso iniciado en 1810, Agustin Iturbide presentaba el «Plan de Iguala», que llevaría a la Independencia de México el 27 de septiembre, aquel mismo 1821.

La línea fronteriza descrita en el Tratado, comenzaba en la desembocadura del rio Sabine, Golfo de México, cauce que hoy separa los estados de Luisiana y Texas, siguiendo su curso en dirección norte hasta el rio Rojo, afluente del Mississippi, continuando con el mismo rumbo hasta el paralelo 42º siguiendo la teórica línea del meridiano 100º. Allí giraba 90º hacia el oeste y a caballo de aquel paralelo, llegaba al Pacífico. «Las tierras al norte del 42º y al este del 100º eran norteamericanas; las del sur del 42º y oeste del 100º, españolas (1).

El Virreinato de Nueva España incluía como «Provincias internas del Norte» las Antigua y Nueva California, Sonora, Nueva Vizcaya, Nuevo México, Cohauila de Zaragoza y Texas, como unidades administrativas semiautónomas. Se llegaba a ellas por Caminos Reales (2), hoy declarados Patrimonio de la Humanidad como el    de «Tierra Adentro» (2.500kms) que unía Ciudad de México con Santa Fe, el    «Real de California» (966 kms.) que comunicaba con San Francisco y Los Angeles, el de «Tejas» (4.000 kms.) que llegaba hasta    San Antonio y el de «Anza» (1.900 kms.) (3) que unía San Agustin de Tucson en Arizona, con California.

Resumiendo: hoy ,16 estados de la Unión proceden del Virreinato de Nueva España, diez en su totalidad, seis parcialmente.

El mapa de este Virreinato se había modificado antes, tras la firma del Tratado de Paris (1763) que puso fin a la Guerra de los Siete Años. España recuperaba La Habana y Manila a cambio de ceder La Florida a Inglaterra, que posteriormente vendió a los nacientes EE.UU. En compensación Francia nos cedía La Luisiana, que pasó a depender de la Capitanía General de La Habana, a su vez integrada en el Virreinato.

Eran tiempos también del «American First» del Presidente George Washington y de unos EE.UU. que se habían mantenido neutrales durante los 23 años en que las guerras de Napoleón asolaron Europa, que indiscutiblemente les benefició. Como también benefició a los británicos. Hoy, un renovado «American First», vuelve a contemplar integraciones.

Es evidente que Napoleón fue el instrumento directo que llevó a la destrucción del Imperio español. Aquella España de Carlos IV y Fernando VII, poco podía hacer para oponerse a los movimientos independentistas que se gestaban en América, donde el buen embajador Onís seguía defendiendo nuestros intereses. El caso de Nueva España es significativo, toda vez que1 «a finales    del siglo XVIII era ya, dentro del Imperio, una potencia con vida propia y hasta casi con una política exterior propia, orientada a contener a los rusos de Alaska, a los angloamericanos en el Mississippi y a los ingleses en lo que hoy es Belice; una potencia que había logrado expulsar a los franceses de la costa norte del golfo de México y controlar la totalidad de dicha costa, todo al margen de las vicisitudes de la Corte de Madrid; hasta tal punto que, entre 1792 y 1802 se enviaba desde el apostadero de San Blas a la fragata ‘Aránzazu’ para explorar y hacer acto de presencia en las costas de la actual Alaska». Godoy coartó esta vitalidad cediendo La Luisiana a Francia, que acabaría vendiéndosela a los EE.UU. «Aquí se inicia el punto de arranque de la decadencia de Nueva España. Crimen de lesa patria de Godoy» (1) que en octubre de 1795 había firmado en San Lorenzo el Real otro tratado con el representante americano Charles Pinckney, que ceñía la frontera norte al paralelo 31º y autorizaba la libre navegación por el Mississippi y por tanto el acceso al Golfo de México, vital para el comercio del nuevo país.

Con el Tratado Adams-Onís de febrero de 1821, se cerraban tres siglos de presencia española, que inició Juan Ponce de León en 1513 explorando La Florida.

Mas tarde, en 1848, a costa de un México independiente, se extendieron aquellos iniciales 13 estados hasta formar el extenso territorio de la actual Unión.

1 Sigo el magnífico ensayo «La herencia de un Imperio Roto» del Embajador Fernando Olivié. 1999.

2 «1776. We the Hispanics». Completa y oportuna recopilación de Eva Garcia.2025.

3 Aunque menos conocida, excepcional la figura    de Juan Bautista de Anza.

* Artículo publicado en «La Razón» el jueves 19 de febrero de 2026.

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