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Asseguts a sa vorera

Empatía Artificial

| Menorca |

Cada día oímos hablar más de la temida o admirada -según quién esté hablando- inteligencia artificial. Se trata de una revolución absoluta de la que realmente todavía no somos conscientes que lleva años aterrizando paulatinamente en nuestro día a día y que ya nos está cambiando la vida, incorporándolo como una rutina más. ¿Quién no tiene en su teléfono una aplicación de estas para echarle un cable?

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y, hay quien está convencido, para suplantarnos. Más allá de lo laboral, puede que lleguemos a serle prescindibles como especie porque una de las lecturas que podemos hacer de su uso es que la usamos para hacer lo que a nosotros nos da pereza. «Eres más productivo», te aseguran comercialmente, y no les falta razón, lo admito. Pero con eso, tú también estás en proceso de ser más inútil, más prescindible y menos productivo, que tiene su peligro.

No voy a compartir contigo un artículo conspiranoico ni paranoico atacando a la IA (creo que cabrearla sería una mala idea porque tiene un importante abanico de posibilidades de descargar su furia sobre mí), pero sí que te quiero hacer una reflexión para que le des vueltas.

Yo me preocuparía más por la ‘empatía artificial’, la tremenda facilidad con la que se está fingiendo interés o preocupación por algo cuando realmente importa nada. La deshumanización es una de las virtudes de esta ‘empatía artificial’ o, dicho de otro modo, falta de empatía real. Ir andando por la calle y ver más caras pendientes de una pantalla que de sonreír o dar los ‘buenos días’ es un proceso social que nos lleva hacia la destrucción social como especie.

Es imposible no dejarse llevar por esta tendencia. Cada vez llevamos peor la posibilidad de aburrirnos y la anestesiamos con vídeos que nos importan un pepino, pero nos atrapan como imbéciles hasta el punto de ser transeúntes despistados carne de cañón para según qué tipo de conductores.

Sorprende que para que cada vez los ordenadores o los teléfonos sean más inteligentes, nosotros tengamos que serlo menos. Ya sabíamos que una calculadora es capaz de sumar más rápido y mejor que nosotros, ahora incluso es capaz de hacer una croqueta más buena.

Los sentimientos reales y lo que hacemos con ellos son lo que nos diferencia verdaderamente de las máquinas. Una IA es capaz de decirte qué significa llorar pero no de llorar. Te puede hacer la vida más fácil pero no puede vivir y al final, el que decide cómo vivir, porque todo lo que te rodea está de paso, eres tú.

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