El Parlament balear ha aprobado esta semana una propuesta de Vox, con el apoyo del PP –algo que no es anecdótico– en la que se insta al Gobierno de Pedro Sánchez a que active lo que llaman la ‘remigración’ de cualquier inmigrante legal que decida no integrarse en la cultura de la Nación que lo acoge –con mayúsculas– o intente imponer la suya. Con semejante texto, redactado en algún despacho de la calle Bambú y enviado por mail al poder delegado provincial y provinciano del partido, Vox va incluso más allá de lo que está haciendo Donald Trump en Estados Unidos con el ICE y su política de deportaciones. Lo que pide Vox –y apoya el PP– no es que se deporte a los que han accedido a territorio español ilegalmente, sino que se eche de Balears también a los migrantes legales.
Vox se ha vuelto a llevar los titulares esta semana. Enhorabuena. Afortunadamente para todos, la ocurrencia de los de Abascal se queda en nada, en un retórico recado a la madre superiora que no tiene el más mínimo efecto jurídico y legal. De ponerse en marcha esta nueva Inquisición que vigila cómo hablan, qué comen y cómo visten los ciudadanos, Balears tendría un serio problema en lugares muy concretos de su territorio. Tiene razón Vox: hay barrios de Palma o de Calvià en los que vive un importante porcentaje de migrantes que deciden no integrarse en la cultura de la Nación que los acoge –con mayúsculas– e intenta imponer la suya. En el Arenal, por ejemplo. Las cartas de los restaurantes están en alemán, las conversaciones en las calles son en alemán y hay una feria de la cerveza que impone la cultura alemana del bratwurst y la pilsner. O en Calvià, donde se celebra San Patricio con total naturalidad, por no hablar del barrio de Santa Catalina, en Palma. Ya me veo a los policías patrióticos de Vox deteniendo suecos altos y rubios por las calles del barrio porque no se integran en la cultura de la Nación que los acoge –con mayúsculas– y prefieren el salmón a los muy españoles y mucho españoles boquerones.
LA PROPUESTA DE VOX es una boutade, una vuelta de tuerca en su política de titulares que da votos pero que no resuelve los problemas de los ciudadanos. Tal y como está redactada, con esa amplitud genérica que prescriben desde Bambú, tal vez deberían andarse con ojo los propios militantes de Vox que se obstinan en no integrarse en la cultura que los acoge e intentan imponer la suya, que es lo que están intentando hacer poniendo todas las trabas posibles a que aquí no se hable en catalán y se imponga el castellano. Dando la vuelta a su boutade, a ver si al final va a haber que ‘remigrar’ a algún dirigente de Vox por no hablar la lengua de su tierra de acogida...