Nos están enseñando tanto a nadar entre dos aguas, que ya damos como normal hacerlo sin el líquido elemento y muchos hasta nos atrevemos a bucear sin saber si nuestras narices están a un palmo del fondo. Para quienes tienen terror o simple miedo a volar, la noticia de que la torre de control virtual de nuestro aeropuerto no vaya a ser una realidad, ha llenado de satisfacción y serenidad a cientos de corazones en procesos de taquicardia.
Quienes creemos que el ser humano sigue siendo más importante que las máquinas aunque más lentos, preferimos que sean ellos quienes nos dirijan en los despegues, aterrizajes y sean los policías en ese complicado tráfico aéreo sin descartar, claro está cualquier ayuda de carácter informático. Si lo que ocurre es que nuestra torre es ya tercermundista, qué diablos, que alguien se rasque los bolsillos y se construya una nueva y más moderna, porque cuando la robótica o cualquier primo hermano toma la iniciativa para demostrar que es más importante que el ser humano, ya sabemos que se traduce entre muchas otras cosas, en la pérdida de puestos de trabajo. En una isla como la nuestra en que no nos podemos escapar ni en coche ni en tren, creo que es para pensárselo muy seriamente y dejarse de experimentos.