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Aplíquense señorías

| Menorca |

Alguno de los políticos situado en la cúspide del ordeno y mando de su respectivo partido, no se lo piensa dos veces en echar «el perro a las barbas», no de quien ve como oponente a su deseo si no como enemigo al que hay que vilipendiar con la oratoria más burda, zafia e hipócrita, convirtiendo el insulto en un quehacer de su oratoria que el contribuyente escucha atónito y ya peligrosamente acostumbrándose a ese léxico tóxico como el esperanto de quienes cobran por representarnos.

Convendría por cordura echar mano de la sensatez y cambiar las improductivas acusaciones que en realidad solo utilizan los políticos huérfanos de las propuestas que el contribuyente anhela, y en algunos casos, con verdadera urgencia. Lo de la vivienda por ejemplo, hoy inalcanzable para los salarios que la juventud percibe. ¿Han hecho sus señorías números de los años que hacen falta con los sueldos actuales para adquirir un piso?, ¿saben señores políticos lo que cuesta la cesta de la compra?, ¿saben ustedes señorías que en lonja se ha estado pagando de 30 a 50 céntimos al pescador por un kilo de sardinas que luego en la pescadería el ama de casa pagará por ese mismo kilo de sardinas, de 6 a 7 euros?, ¿creen que eso está bien y que no hay que ordenarlo? Recuerdo que hace unos años por la zona de Cudillero (Asturias), realicé una entrevista para la revista Captura a unos familiares de los tripulantes de un sardinero (seis marineros) que fallecieron todos en el proceloso mar Cantábrico.

En una población que el año pasado tenía 4.867 almas, calculen el impacto de una tragedia de ese calibre. Recuerdo que una mujer mayor me espetó: «y luego dicen que el pescado es caro». Póngalo usted… póngalo usted…, lo puse en negrilla y con mayúsculas. Pero al día de hoy todo sigue igual, los pescadores tienen un oficio donde a veces el mar les arrebata su embarcación, sus aparejos, incluso sus vidas. ¿Qué hace el oficio de butaca y despacho de la política para socorrer uno de los más antiguos y peligrosos oficios del mundo? Dígamelo usted, señor Sánchez; dígamelo usted señor Feijóo; dígamelo usted señor Abascal, porque yo lo ignoro.    Podría decir palabras más duras pero no quiero ser «un picador de toros bravos». Ese oficio ya tiene entre ustedes quien lo ostenta con alta frecuencia y escaso respeto.

Mejor harían los que mandan y ordenan si elaborasen una lista de lo que perturba al contribuyente, a poco que les asista la capacidad de asombro, se asustarían. ¿Por qué hay que esperar siete u ocho meses para disponer de todo el patrimonio familiar al fallecimiento de una de las partes? ¿Cómo se puede retener un derecho a un ciudadano que cumple al pie de la letra con la sociedad? ¿Por qué hay que penar con una plusvalía por la mitad de la vivienda conyugal cuando uno de los cónyuges fallece? Sin el más mínimo respeto que aflige al cónyuge que probablemente ha perdido lo que le alimentaba, las escasas alegrías de una convivencia en común.

La política tiene «pan cortado» para arreglar tantas cosas que van más torcidas que derechas. Si hicieran una lista se lo repito, se asustarían ustedes señorías.

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