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Teoría de la imposibilidad

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Atodo el mundo le ha sucedido o ha visto algo imposible (extraterrestres, fantasmas, dragones, la Virgen, tesoros escondidos), lo que les lleva a creer frente cualquier evidencia que ciertas imposibilidades pueden ser ocasionalmente posibles, razón por la que se pasan la vida persiguiendo toda clase de quimeras, convencidos de que quien la sigue la consigue. Su gran afición a la imposibilidad, ya se trate de filósofos, líderes políticos, obispos, emprendedores o escritores, es casi imposible de alterar, porque en qué se va a creer sino en lo imposible.

La teoría de la imposibilidad, basándose en el principio de indeterminación de Heisenberg y en el gato de Schrödinger, asegura que una cosa puede ser imposible y posible al mismo tiempo, pero sólo hasta cierto punto. O dicho de otro modo, que si la gente tiene una fuerte tendencia a la imposibilidad, y un deseo irresistible de imposibilidades (económicas, políticas, sentimentales y hasta cosmológicas), es porque si bien se puede calcular la posibilidad de un fenómeno como se calcula la función de onda, no se puede saber al mismo tiempo la posibilidad del observador, sin el cual no hay fenómeno que valga.

Hasta cierto punto, claro, ya que si la posibilidad es cero, seguirá siendo cero se ponga como se ponga el tal observador, o incluso si no hay observador. ¿Y si lo hay pero no es observable? Naturalmente, esto no lo considera la teoría, y a ello se agarran los numerosos enamorados de imposibilidades, sin las cuales su vida perdería sentido. Y que son precisamente los que disfrutan repitiendo la chorrada de que nada es imposible, y la argumentan luego con la memez de que tantas cosas que se creyeron en otro tiempo imposibles, son ahora posibles y corrientes.

Estas tonterías tampoco las considera la teoría de la imposibilidad, que aunque de modo teórico, aspira a establecer de una vez por todas qué es posible y que no, incluso si ambas cosas ocurren al mismo tiempo. Normal que no guste a nadie, hasta los mejores físicos teóricos, y no digamos los psicólogos, prefieren que esta teoría no exista. Para los religiosos es una blasfemia, y si se la mencionas a un magnate o un dirigente político te despreciará.

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