Directo al grano... El ‘malvado’ Mr. Trump ganó las elecciones porque muchos ciudadanos norteamericanos votaron mayoritariamente el programa de su America first, un lema no sé si orgullosamente egoísta o simplemente xenófobo. Dicho esto me permito dar una primicia local: en Menorca también hay trumpistas. Más aterciopelados que sus homónimos americanos, quizás con distintos caparazones, pero trumpistas al fin. Afines a sus mismas intenciones de control, segregación y prohibición. Y es curioso porque buen número de ellos no sabe que lo son ni lo parecen al ir camuflados de antiguos resistentes setenteros.
Los trumpistas locales son los que defienden su peculiar Menorca first. Son los que dividen a la sociedad isleña entre ‘buenos’ y ‘malos’ menorquines. Detectarlos no es difícil: unas veces los encontrarás escalando el Monte Toro para reclamar buenismo al dente ante ilegalidades de libro, y otras encendiendo bengalitas musitando insípidas letanías laicas ante los dioses de la piedra. Si les sigues formarás parte de los ungidos, pero ¡ay! si pasas de chorradas y te quedas tomando cañas en Mahón entonces nunca alcanzarás el reino de los elegidos.
En serio, veamos ¿qué diferencia hay entre un trumpista del Far West que cree a pies juntillas que vive en el mejor de los mundos, que su tierra es the best (como cantaba Tina Turner, vaya), que si todos quieren entrar en su país por algo será, etc., qué diferencia, digo, hay con el menorquín errante de mente que defiende exactamente lo mismo pero aplicado a nuestra isla? ¿No es cierto que en Menorca se ha formado un microclima que ama las prohibiciones y recela de todo lo forastero? ¿No es verdad que ciertos menorquines (al igual que muchos norteamericanos) viven mirándose el ombligo? ¿Que están a favor del aislamiento y defienden el bienestar de la piedra antes que el de sus semejantes?
El trumpista que desciende del cow-boy es conservador y localista, tiene miedo al cambio (al globalismo) porque teme no poder controlarlo. Lo mismo pasa con los trumpistas locales, los de espardenya, que temen a la innovación, a la evolución y al melting pot social que ya nos rodea porque dicen deteriora su raíz. Pero ¿qué diferencia hay entre el recuerdo del éxodo de menorquines a Argelia con el de los rostros pálidos norteamericanos que mentalmente siguen transportando sus reses a lo ancho de las praderas escoltados por el 6º de Caballería de John Ford? Son esos que aún pretenden alcanzar la tierra soñada donde los pastos abundan y las chicas se bañan semi despelotadas en las soleadas playas de California mientras suenan los Beach Boys. Sí, de la misma manera que algunos allí desean la vuelta al búfalo y a Kid Carson, aquí otros pretenden volver a viajar al tiempo des carro dins sa síquia, esa diligencia emocional.
Menorca ya no volverá a ser la que fue. Quizás sea yo el primero que lo lamente pero la historia no se repite. No volverán las oscuras golondrinas. Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva Menorca, con nueva población y nuevas costumbres. Y con una nueva economía que, alejada de romanticismos, conlleva novedosas rodalies sociales. Menorca ya no puede ser un numerus clausus cuando es ya, como siempre fue a pesar de algunos cerriles, un portaviones de culturas.
Es comprensible, incluso loable, que un menorquín autóctono quiera retener sus antecedentes en aras a identificarse mejor con una tierra de la que normalmente ya es propietario un señor forastero, extranjero o extraño a su cultura. Pero ya solo es un sueño. Fácilmente se olvida algo tan básico como que el propietario de una tierra, la que sea, es quien ostenta su Escritura de Propiedad firmada ante Notario. Aunque suene brutal decirlo o triste, lamentable e incómodo el saberlo. O verlo. El resto es pura palabrería, lamento o ensoñación romántica para ejercitar envidias o justificar políticas contrarias a derecho. Rien ne va plus.
Más. Se acusa a los trumpistas, tipo cow-boys, de autoritarios pero aquí, los trumpistas locales, los de espardenya, también lo son: todos recordamos a los comandos casi tipo ICE que forzaban con amenazas a los comercios a rotular en barceloní y denunciaban a quienes no acatan las fatwas de los esclavos del Coran pompeu-fabriano, esos sí trumpistas pata negra. El amor a una tierra puede matarla si no se controla. Tanto allí en el Oeste como aquí en Sa Roqueta. Sí, sí, no lo duden en Menorca también tenemos trumpistas. ¡I tant que sí!
NOTAS:
1- Un recuerdo para el periodista Gregorio Morán. Sus «Sabatinas» siempre fueron incómodas para el poder.
2- Antonio Tejero Molina, un hombre de honor. Un patriota, antiguo y engañado, que nunca imploró el indulto.
3- El Ateneo de Mahón busca nuevo presidente. ¿Hay candidatos?
4-¿Cuajaría una agrupación de electores en Mahón bajo el mando de un prestigioso y reconocido profesional con el apoyo del PP, Vox y grupos liberales, para acabar con el sanchismo local?
5- Sostres: Puigdemont es el primer 'therian' de Cataluña: ¿qué diferencia hay entre sentirse un gato y tratar de cazar ratones, y creer que eres presidente legítimo de la Generalitat y que estás en el exilio?
6- Soy testigo directo de que el presidente del Parlament balear el Sr. Le Senne cumplió con la palabra dada en la audiencia concedida a ‘Iniciativa por Mahón’ el pasado día 22 de Enero en Palma. Ya se ha aprobado el bilingüismo institucional gracias al acuerdo entre Vox y el PP. Así acaban 34 años de anormalidad democrática.
Sin duda es una buena noticia. A partir de ya el Bocaib se publica en los dos idiomas constitucionales y estatutarios de Balears. Próximamente también se respetarán nuestras modalidades insulares. Balears es una región bilingüe donde el español y, especialmente, las formas lingüísticas específicas de cada isla deben ser mimadas, promovidas y protegidas para superar tantos años de catalanismo depredador que ha pretendido usurparnos nuestra personalidad menorquina y difuminar nuestra pertenencia a España. Lo mismo deberá suceder pronto con la toponimia de las ciudades y pueblos de las islas Balears.