Conciso, pero pedagógico y luminoso, el escritor y maestro de periodistas Álex Grijelmo afirmó «la credibilidad se rompe en el periodismo cuando uno se equivoca y no lo reconoce» y «que el error está permitido, pero hay que saber gestionarlo».
Ello exige, prosiguió el autor del Libro de Estilo de «El País» y ha sido presidente de la Agencia EFE y creador de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), enmendar el equívoco con la publicación de la correspondiente rectificación o aclaración, y tomar buena nota para no persistir en el fallo.
Grijelmo lo explicó con naturalidad, en la entrega de los premios de la Asociación de Periodistes de les Illes Balears (APIB), que lidera Ángeles Durán, profesora del Centro de Enseñanza Superior Alberta Giménez (CESAG), adscrito a la Universidad Pontificia Comillas, a las mejores informaciones publicadas durante el año anterior en los medios de comunicación del Archipiélago. En estos tiempos líquidos de redes, chatGPT, IA, fake news y tantos bulos que falsifican la realidad, adquiere mucho más sentido el lema de la APIB, que cuenta hoy con 120 asociados, y que resumo en «sin buen periodismo no hay verdadera democracia».
Cuando el papel lucha por sobrevivir en el combate desigual con los medios digitales y nos hemos extraviado in mezzo del cammin di nostra vita necesitamos una información veraz, rigurosa y contrastada, elaborada conforme a los principios deontológicos. Nos obliga, tanto por ética como estética, a admitir nuestros errores, reconocer cuando no hemos acertado, y como nuestra profesión va dirigida a la opinión pública, que nos lee y escucha a diario, la respuesta consiste en difundir los datos ciertos y los hechos verdaderos.
El error no es de quien confía, sino de quien miente o yerra. Y el silencio bituminoso siempre es peor porque, tras haber quebrado la confianza del lector, persistimos en la equivocación. Sólo con honestidad y madurez se recobra la credibilidad.