Las personas que más aportan a la sociedad suelen ser las que menos ruido hacen, aquellas que casi siempre creen en el trabajo voluntario y la vida asociativa ejecutado desde cualquier disciplina.
Posiblemente ese perfil se ajusta al de Joan Quetglas Donato, fallecido esta semana, histórico colaborador y responsable de Deportes del Diario Menorca, que pertenecía a esa generación ya en edad marchita, que servía más que hablaba. Regidor de Maó, integrante del grupo de personas que más trabajaron por la transición en la Isla desde el centrismo después de la larga dictadura, Quetglas fue presidente del Alcázar y fundador del Sporting, entre otros muchos cometidos. Su legado es abundante pero se engrandece todavía más en pequeñas acciones cotidianas marcadas por la discreción que siempre le acompañó.
«Què farem avui?» era su frase introductoria favorita cuando visitaba la redacción del periódico. Se refería a su innegociable barcelonismo que también le llevaba a exclamar siempre: «Quin desastre!», cuando el resultado había sido rigurosamente adverso para la culerada. Su largo paso por esta casa en varias etapas puede interpretarse, además, como otra forma más de participación cívica de las muchas que protagonizó.
Nunca elevaba la voz, nunca daba un no explícito. Si acaso modelaba un leve gesto con la cabeza que había que interpretar como una negativa, sin más.
Era su estilo personal, el de la tranquilidad yuxtapuesta a la sensatez que le dotaron de un carácter afable, con serenidad y capacidad de escucha como mostró en sus centenares de entrevistas ajenas a cualquier interpretación conflictiva.
Por encima de cualquier otra consideración, Joan Quetglas fue una bellísima persona, paciente y respetuosa, que deja, además de su producción literaria y periodística, una impronta de utilidad pública reconocida por cuantos le trataron.