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El rayo verde

Perdidos

| Menorca |

Algo profundamente inquietante palpita en las informaciones que nos llegan desde el conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán. Datos sueltos, a menudo sesgados o fragmentados, que no terminan de conformar la imagen final que daría sentido al puzzle. Cuestiones que van mucho más allá de bombardeos, objetivos militares, estrategias de ataque, iniciativas diplomáticas o matanzas de inocentes. Y es la religión. Todos sabemos que allá donde se está produciendo este conflicto es tierra considerada sagrada por las tres grandes religiones monoteístas: musulmanes, judíos y cristianos. Por debajo de los misiles, los drones, las ruinas de los edificios derribados y el entierro de las víctimas late una tierra plagada de luchas religiosas. Y eso, que podría parecer que está superadísimo en pleno siglo XXI, resurge con inusitada actualidad.

Incluso en la Casa Blanca, donde vimos a un Donald Trump ungido casi casi como profeta por una panda de locos evangélicos que rezaban por su victoria. Mientras, en la capital israelí, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, incorpora a sus discursos ideas fanáticas que hablan de la llegada del Mesías, sus más cercanos consejeros lanzan el órdago de construir el tercer templo de Salomón y sus portavoces dicen con naturalidad que los oponentes políticos muertos «están en el infierno». Al otro lado de la línea del frente, en Teherán, hordas de creyentes oran para ensalzar el martirio de su líder espiritual y casi toda su familia, en tanto sus correligionarios, pero de la otra facción, los suníes, desean con ímpetu que los chiíes desaparezcan. Todos estos tienen a su alcance el famoso botoncito rojo que podría mandarnos a todos a la mierda. Estamos perdidos.

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