El mundo gira y no pasa día que sucedan actos diversos, unos transportando momentos felices, de nuevos conocimientos, de poder intentar ayudar al prójimo que viene a ser lo mismo que tender la mano al pariente, al vecino incluso algún transeúnte que se cruza en nuestro camino, incluso son de agradecer aquellas circunstancias de la vida que nos hacen coincidir con alguien que precisa de escuchar una palabra amistosa, cariñosa y si es preciso invitándola en la cafetería de la esquina a tomar un café con leche y, de permitirlo nuestro presupuesto, acompañarlo con unas sabrosas tostadas o un bocadillo, interesándonos por sus carencias tan importantes en momentos clave de la vida, incluso la charla les conduce a explicar su preocupación.
Por regla general no suelen faltar motivos, de salud, monetarios al faltar el trabajo, no ser comprendidos, diferencias de color y raza, haber llegado a la conclusión de preparar la mochila en busca de una nueva vida, un nuevo amanecer lo que significa un gran sacrificio. Dejar familia y su país.
Debe ser muy duro y difícil despertar una mañana cualquiera en medio del mar en una embarcación llena de gente a la cual apenas conoces, siempre temeroso, con los bolsillos vacíos debido al pago realizado a los especuladores para ser trasladados a un nuevo vivir, nueva gente, costumbres de otro país, otra lengua y otro color de piel que, por regla general, tanto separa a la humanidad.
En cierta ocasión tuve la oportunidad de charlar con dos mujeres mostrándome la confianza de tomar algo juntas en una de estas mesas siempre dispuestas en una calle cualquiera de mi Mahón, como hubiese sido otra cualquiera, incluso caminando por uno de estos caminos tan áridos de Menorca. Fue curiosa su reacción dulce y cariñosa, mientras íbamos charlando daba la sensación que nos conocíamos de tiempo atrás. La más alta de las dos a la vez daba la sensación era decidida y parlanchina, había dejado a su madre al cuidado de tres hijos, de doce, diez y cuatro años, fue un momento muy emocionante iba hablando mientras unas lágrimas iban deslizándose por su rostro al citarlos añadiendo que temía que al regresar la pequeña apenas la conocería, sospechando que sería de sus dos hijos mayores.
Al despedirnos les ofrecí mi amistad y mis oraciones.