Abusos. Así definió el monarca los excesos del colonialismo español. No voy a disertar sobre el fondo de la cuestión sino sobre la notable paradoja. Igual que me sorprende que antaño se justificara el antijudaísmo por crucificar a Jesucristo cuando también él era judío, me desconcierta que algunos líderes latinoamericanos se obstinen en que los españoles actuales deban pedirles perdón por las atrocidades de siglos pretéritos. Sobre todo, porque la pregunta correcta no es si hubo abusos en la colonización de las Américas, que evidentemente los hubo, sino quién o quiénes los perpetraron. Y la única respuesta posible es sus propios antepasados.
No los españoles actuales, sino los de los que marcharon ahí desde el descubrimiento. Los que se impusieron por la fuerza y colonizaron el territorio. Si alguien tuviera que pedir perdón en la actualidad por masacrar a los indígenas, debería ser buena parte de las familias más ricas de Hispanoamérica hoy día, con rimbombantes apellidos castellanos, porque fueron sus propios ancestros quienes cometieron esos abusos.