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Ansiedad del qué dirán

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El mundo está lleno de ansiedades y ansiolíticos; conforme se incrementa el desarrollo, se expande la cultura y crece la economía, crecen y se diversifican igualmente las ansiedades. Hay ansiedades para todos los gustos, o mejor dicho, para todos los miedos, ya que decir ansiedad es una forma muy técnica de decir miedo sin ofender a nadie, sin que crea que le están llamando miedoso o cobarde. El resultado es que la ansiedad es ahora la enfermedad de nuestro tiempo, que afecta igual a listos y tontos, a valientes y cobardes, a jóvenes y viejos, aunque naturalmente, a cada cual de una manera. Probablemente siempre fue así, como sabemos por la novelística y la dramaturgia, salvo que en otro tiempo tenía otro nombre, no existía la poderosa industria de los ansiolíticos psicotrópicos, y solo poseemos datos literarios. Pero puesto que la ansiedad tiene remedio terapéutico y el miedo no, han aparecido nuevas ansiedades de mucha actualidad, como la ansiedad del qué dirán. Muy extendida y difícil de tratar, porque significa lo contrario de lo que significaba en siglos pasados, cuando era un temor amenazante a lo que se pudiera decir de nosotros. La de cosas que dejaba de hacer y decir la gente por el temor al qué dirán. Ahora en cambio lo que enferma a estos ansiosos del qué dirán es que nadie diga nada, no suscitar comentarios, pasar desapercibidos en la nube del parloteo global, no ser ni aplaudidos ni insultados, quedarse en nada. Los políticos son más propensos a este tipo de trastorno ansioso, pero también los escritores, artistas y cineastas, gente del entretenimiento, y en general cualquiera que viva aferrado a su teléfono móvil. Es decir, siempre pendiente del qué dirán. De que digan algo, lo que sea, por favor. ¿Quiénes? Todos, no cuatro gatos. En esa nueva acepción del concepto qué dirán, nunca había sido tan importante el qué dirán, ni más perniciosa la ansiedad que genera. Porque parece una tontería, y ya se sabe lo malignas que llegan a ser las tonterías. Por algunas lecturas autorizadas, deduzco que esta ansiedad actualizada se asocia a la ansiedad del yo, que también se ha vuelto abrumadora en la era de la comunicación. Puede, no lo sé, me da igual.

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