21-III-26 sábado
Tras un viaje relámpago al continente para asistir al ochenta aniversario de una amiga tan pletórica como encantadora, me enfrasco en la lectura de algunos de los múltiples comentarios sobre el atrevimiento del rey Felipe VI al enhebrar una tímida disculpa sobre el pasado colonial de España en México, que ocasionara en su momento un desencuentro diplomático entre ambos países, con una marcada sobreactuación del entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (más conocido por AMLO), el prudente silencio del Gobierno español y el consabido esperpento marca de la casa de la señora Ayuso, siempre al quite.
Ahora, el Monarca (inducido o no por el Gobierno, diría que de común acuerdo) ha considerado oportuno tratar de suavizar unas relaciones que nunca debieron enturbiarse entre países con un pasado compartido, lo que ha traído consigo la protesta más o menos estridente de un sector de la población que considera la intervención real como una «humillación histórica» y que otros muchos (espero) interpretamos como una necesaria y oportuna disculpa «por algunos excesos cometidos en otro contexto histórico» (sic), para empezar a cerrar un capítulo... actualmente «fuera de contexto».
Dice hoy «El Confidencial» que «Zarzuela decidió las palabras del Rey sobre la Conquista y solo avisó a Moncloa que intervendría». En pocas palabras, una tormenta en un vaso de agua, aunque los patriotas, siempre atentos a las afrentas en cuestiones de banderas, hacen su agosto ideológico. Así que «México lindo», y a otra cosa de mayor enjundia, por ejemplo, la guerra de Irán.
22-III-26 domingo
Buscando otros papeles -mi escritorio, heredado de l’avi Quicus Bosch de sa Farinera, es un revoltijo inabordable-, me encuentro con un artículo mío de hace unos veinte años, lustro arriba, lustro abajo, que no recuerdo si se publicó entonces o se perdió en el limbo de los esbozos extraviados. Se titulaba «¿En la senda del carajillo party?» y en él comentaba el alumbramiento en Norteamérica de un singular movimiento político denominado Tea Party, en referencia al Boston Tea Party de 1773, un acto de protesta contra impuestos británicos (de hecho, la base ideológica de la algarada era precisamente disminuir el gasto público, reducir impuestos y limitar la intervención gubernamental, ideario hoy de rabiosa actualidad…).
Esto es, a grandes rasgos, lo que nos proponen hoy los amantes del té (hoy MAGA) y sus emergentes homólogos de la piel de toro o carajillo party: un modo de entender la vida, no solo un sistema de gobierno, una especie de anarquismo de derechas destinado a acabar con los controles democráticos, sustituidos por estrategias de poder y negacionismos de nuevo cuño como lo que denominan dogmatismo climático o el movimiento antivacunas, en contra, estos, de la verdad científica. Por ahí van las encuestas domésticas, ¡ay!
23-III-26 lunes
Hace unos días hablaba de la agónica lucha de los periódicos de papel por sobrevivir en un mundo hiperdigitalizado. Pero es que aquí, en la isla de las recalcitrantes dobles rotondas, las dificultades para los lectores de periódicos se agudizan: un día se retrasa su llegada por las adversas condiciones meteorológicas (me dicen que los domingos, día grande para el lector contumaz, llegan vía marítima y el oleaje no entiende de necesidades periodísticas), otro día, la avioneta no ha podido despegar de Barcelona por una ventolera, anteayer, sin ir más lejos, al parecer tenían fiesta los operarios encargados de tal menester en Barcelona...
A todo ello se añade la cada vez más exigua presencia de periódicos de difusión nacional: no llegan más que en temporada estival «La Vanguardia», «El Periódico», y «el Mundo Deportivo», mientras «el ABC», «La Razón» y quizá otros hace tiempo que dejaron de estar presentes en nuestros casi inexistentes quioscos, cuando los lectores de periódicos deberíamos ser declarados especie protegida. Y es que no es lo mismo el aroma de periódicos nuevecitos en un quiosco o librería que en una gasolinera.
25-III-26 miércoles
En menos de veinticuatro horas (copyright Donald Trump): La guerra está ganada/ Están en marcha conversaciones muy productivas con Irán/No queda nadie con quien hablar en Irán/Manda tres mil marines más a Irán, se supone que para conversar/Usted (a un periodista) es muy malo y no voy a responder a su estúpida pregunta... Y prosiguen las bombas sus fatídicos vuelos de muerte y destrucción.
Jehová, Jehová ¿qué hemos hecho para merecer esto?