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Análisis fin de semana

La herencia recibida

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La oposición comenzó la legislatura sin darse cuenta de que habían perdido las elecciones. Según la versión socialista, aquello era un accidente provocado por el desplome de Podemos sin que el PSIB hubiera tenido nada que ver en el hundimiento, a pesar de que también él se dejó por el camino un millar de votos en el que se suponía era su mejor momento. La explicación de la derrota se circunscribía al fracaso de Podemos, siempre desde el punto de vista del PSIB, por lo que volver a gobernar en 2027 era una certeza. Desde las filas socialistas se desdeñó a Marga Prohens y a su gobierno –aún lo siguen haciendo, aunque algunos ya han comenzado a pasar del desprecio a la alarma– y la estrategia fue tratar de hacer ver que la presidenta era la heredera de José Ramón Bauzá. Error de cálculo; el mismo error que cometieron antes de las elecciones, cuando pensaron con absoluta seguridad que volverían a gobernar.

De lo que no fue consciente el PSIB es que el PP hacía ya tiempo que se había liberado del síndrome de Bauzá, el presidente que más daño a hecho a la cohesión social de las Islas y también al propio PP. Prohens nunca quiso ser Bauzá: siempre ha intentado ser Gabriel Cañellas, con el que, por cierto, habla con frecuencia. La idea de la presidenta es tratar de recuperar el PP de las amplias mayorías de los años 80 y 90, la época dorada del cañellismo. Del Govern de Cañellas se guarda la idea de sus amplias mayorías, pero la realidad es que en todos sus mandatos dependió del CDS, de UM y hasta de un par de tránsfugas para consolidar su mayoría absoluta. La única ocasión en que consiguió la mayoría absoluta tuvo que dimitir a las pocas semanas forzado por José María Aznar.

Prohens quiere ese cañellismo, pero teñido de modernidad. Sigue pegada a la tierra, Balears, first, y alejada de las cuitas madrileñas y de esas radiaciones políticas tóxicas que llegan desde la capital, como hizo el primer presidente balear. Cañellas fue el primer trumpista en la historia de las Islas, el político que podría haber acuñado el lema Balears, first. Lo mismo le pasa ahora a Prohens. Sus discursos se llenan de apelaciones a los residentes y su lema podría ser «los residentes, primero». Es su mantra, pero no es la única similitud con Cañellas. El expresidente quería parecer un payés sin serlo y la presidenta presume constantemente de sus raíces de campo sin haberse subido a un tractor en su vida, como Cañellas.

Ahora, la presidenta parece haber dado una vuelta de tuerca al cañellismo. A ese modelo que combina un creciente protagonismo de lo local con un alejamiento progresivo de lo nacional se le ha añadido el afán de perdurabilidad. Ha ocupado el espacio de Cañellas y ahora quiere sumar el de Jaume Matas –que sí logró la mayoría absoluta– con líneas de metro y grandes obras de ferrocarril por toda la Isla. Ha llegado el prohensismo, lo que no sabemos es si será para quedarse.

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