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CxM, primer análisis

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El espacio político que ocupaba UM no se esfumó en 2011 con la forzada desaparición de las siglas tras casi treinta años de trayectoria. Alguien debía coger el relevo para tratar de dar voz a las decenas de miles de votantes que quedaron súbitamente huérfanos de referente político.

Aunque los demás grupos se cuidaron de hacer leña del árbol caído, la realidad, tozuda, evidenció que el nicho político seguía existiendo. Convergència per les Illes, Lliga Regionalista o su refundición en El PI fueron intentos de sostener un proyecto con carácter propio, pese a que el escenario demográfico jugaba en contra del mallorquinismo político.

Pero la falta de entendimiento entre las dos almas que lo alumbraron -Jaume Font y Pep Melià- lastró su futuro, al punto que en 2023 la lista al Parlament perdió la mitad de sus votantes y solo logró salvar los muebles el candidato al Consell, Antoni Salas, alcalde de Costitx hasta que quiera, que no solo mantuvo la representación en Mallorca, sino que le sacó una ventaja de casi 2.000 votos al candidato autonómico, en un mensaje cristalino de los electores.

Contra todo pronóstico, sin embargo, Salas no fue reconocido como lo que realmente era, el único en su partido que había capeado el temporal y que, solo por ello, merecía marcar el rumbo de la nave. El aparato perdedor, con Tolo Gili y sus exiguos apoyos a la cabeza, conservaron sus cargos orgánicos, sin el más mínimo atisbo de autocrítica, con excepción de Melià, que hizo un digno mutis por el foro.
Tampoco Salas plantó batalla -algo que pudo y, probablemente, debió hacer-, al pensar que no tendría un equipo que le arropase, quedando desde entonces en un injusto segundo plano. Le faltó ambición o le sobró bonhomía. Salas tiene el sustento asegurado y eso es siempre un desincentivo a la combatividad.

A partir de ahí, la falta de claridad en los objetivos y la dificultad para diferenciar determinados postulados del PI de los de sus sempiternos antagonistas de Més han hecho todo lo demás. Se sigue echando de menos un proyecto mallorquinista situado, inequívocamente, en el centroderecha.
Hace unos meses irrumpió una iniciativa, con mucho más voluntarismo que apoyo real, denominada Som, encabezada por expolíticos y agentes del espectro soberanista que, en un tris, se alió con el PI para crear una marca conjunta llamada -cero en creatividad- Coalició per Mallorca.

Transcurrido un tiempo prudencial el proyecto emite ya señales que conviene analizar. La primera, que el mando real de CxM se ha desplazado hacia quienes no acreditan un solo voto. Al frente, Joan Lladó, ex ERC, hoy empresario de éxito, virado hacia el soberanismo de derechas cercano a Sílvia Orriols, pero completamente alejado del espectro social que dio sustento a UM durante décadas. En su órbita abundan elementos del soberanismo local, pero, según confiesan ellos mismos, sin vocación de encabezar nada.

Hace una semana tuvieron un encuentro en Madrid con la diputada de Coalición Canaria Cristina Valido. La foto lo dice todo. Apenas se distingue al aún presidente del PI y el protagonismo lo asumen Lladó y dos hombres de su confianza, Roger Gotarredona y Joan Serra.

Ese día, me comentó un viejo militante mallorquinista: D’aquests, no n’hi ha ni un dels nostros.

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