Todavía le queda a la clase política balear un año de procesiones y no porque todavía quede una Semana Santa, la de 2027, antes de las elecciones. Y habrá que seguir refiriéndose a que PP y Vox, por lo que se refiere a las Islas, es como si vivieran en dos mundos diferentes. El mismo día que el vicepresidente de Vox en el Consell de Mallorca presumía de haber colado sus propuestas en el plan insular para hacer frente a la crisis por la guerra –y los socialistas parecen tener parte de razón cuando consideran exagerado presentar así propuestas que ya estaban sobre la mesa–; el mismo día que Pedro Bestard presumía de que todas las ayudas serían para «españoles», Manuela Cañadas, la portavoz parlamentaria, le ponía reparos al plan del Govern. Seguramente todo acabará en una abstención.
Aunque la estrategia de una parte de Vox sea aparentar que no está tan encadenada al PP como parece (o al revés), la realidad es otra. La presidenta Prohens ya sabe que tendrá el apoyo del PSIB y de Més. Y eso que nada de lo que se dice en los plenos (sobre todo las hiperbólicas palabras que la presidenta dedica al socialista Negueruela) parece ayudar al acuerdo. Y que a la hora de la verdad su socio prioritario será la ultraderecha. Está claro también que en el decreto del Govern queda totalmente desdibujada la parte social que reclamaba la izquierda. Según la presidenta será la consellera de Benestar Social, Sandra Fernández, quien la explique. Pero no habrá en ese decreto nada que no permita ya el que aprobó el Gobierno estatal.
El presidente del Parlament, Gabriel Le Senne, combina en su cuenta de Twitter los elogios a Orban y el peloteo a Abascal con sus mensajes en contra de la inmigración y la difusión de su participación en actos de la Semana Santa. Una semana Santa en la que el obispo Taltavull ha aprovechado para recordar cuál es la posición de la Iglesia en este asunto, que es la del Evangelio precisa, y también para lanzar mensajes en contra de la guerra. Únicamente que ese día, el miércoles 1 de abril, se celebrara el Consell de Govern extraordinario impidió a la presidenta balear acudir al Davallament del Crist de la Sang. Quien sí estuvo allí, como cada año, fue la consellera que se encargaba de la política de inmigración: Catalina Cirer.
Ya está claro –y esta semana política más corta que otras permite verlo de manera más pausada– que es difícil imaginar un relevo en el Govern, por no decir imposible, después de las elecciones de 2027. Més encarga encuestas internas y el PP prepara su congreso mientras el PSIB sigue a la espera de lo que decida Pedro Sánchez. Y haga lo que haga la situación de la izquierda alternativa al PSIB es la que es. Y es poca cosa.
Termina la semana de las procesiones pero queda un año por delante todavía. Un año en el que, lógicamente, el monumento de Sa Feixina seguirá ahí tras el tardío movimiento de ficha del Gobierno estatal.