El fulminante cese del general de cuatro estrellas Randy George, como Jefe de Estado Mayor del Ejército norteamericano, ha puesto sobre la mesa una vez más, el difícil equilibrio a que se ve sometido un militar cuando roza a los políticos de turno. No es solo un choque entre códigos de conducta, sino también entre personalidades y afinidades. George, puro soldado de Infantería, había sido brazo derecho del secretario de Defensa Lloyd Austin en tiempos de Biden. Y, lógicamente, viendo la conducta de Trump y de su secretario de Guerra Hegseth, su cese estaba cantado, porque en democracia -guste o no guste- los nombramientos corresponden a la administración ganadora en unas elecciones. Creo, no obstante, que el buen Dios ha librado a George de un infarto o de un cáncer de colon, expuesto a las controvertidas órdenes de quien hoy ostenta el poder absoluto en los EEUU. Lo imagino evaluando el número de bajas que resultaría de una operación con «botas sobre el terreno» en Irán y las respuestas que recibiría tildándolo de «pocas agallas». Igual despreciaba Hitler a sus generales sensatos.
No obstante, otras veces, las posiciones de un jefe de Estado Mayor dan buenos resultados. Viendo a la Compañía de Honores de la Legión desfilando en Málaga el pasado Jueves Santo, vinieron a mi memoria unos difíciles equilibrios que tuvo que sortear el entonces jefe de Estado Mayor del Ejército, el general Ramón Porgueres, muy bien arropado por el JEMAD almirante Martín Granizo, su segundo, Pepe Faura y por el entonces jefe de la FAR (1), el también general Agustín Muñoz Grandes. Un buen equipo que dio la talla. Hablamos de enero de 1992. El ministro de Defensa Julián García Vargas, al que siempre hemos querido por su cercanía, compatible con respetar la frontera entre su función política y el mando directo de las Fuerzas Armadas, firmaba la Directiva 5/92 de 30 de enero, que representaba prácticamente la disolución de la Legión: prohibía su credo, homogeneizaba su uniformidad, borraba su historia.
Imagino lo que se movió en niveles altos. En el mío, coronel en la División de Operaciones que mandaba el general Rodríguez de Austria, ubicado en el ‘búnker’ del Palacio de Buenavista, cumplía la orden de que todos los documentos de preparación de un contingente para Bosnia, llevasen el logo de la Legión, dando por sentado que sería la unidad que actuaría en la antigua Yugoslavia. Estaba fresca la Resolución 743 del Consejo de Seguridad de noviembre de 1991 y ‘cociéndose’ la 776 de junio 1992, tras la declaración de independencia de Bosnia en marzo de 1991 que precipitó la guerra y obligó al despliegue de fuerzas sobre aquel territorio. Imagino los equilibrios del general Porgueres, dimisión incluida, como imagino las notas que Rodríguez de Austria de la misma promoción y número uno de la del rey Juan Carlos, enviaba discretamente a Zarzuela. Lo que sí puedo certificar, aquí no imagino, es que dos días después, se retiró la Directiva, con orden de destruir físicamente todas sus copias.
En septiembre se alistaba, la Agrupación ‘Málaga’ (2) un conglomerado de unidades diferentes con una bandera de la Legión como fuerza base, al acertado mando del coronel Zorzo, un hombre con experiencia de NNUU adquirida en Centroamérica (ONUCA) destinado entonces en la Digenpol que mandaba otro hombre excepcional, el general Veguillas asesinado por ETA en julio de 1994.
El 14 de noviembre de 1992, los 714 efectivos de la Agrupación con 177 vehículos, salían de Almería a bordo del «Castilla» rumbo a Split en Croacia. Hubo que ‘rebañar’ vehículos blindados BMR Pegaso a unidades de la Capitanía de Valencia que los mantenía en perfecto estado, habitual en aquellas guarniciones. No fue fácil convencer a sus jefes. Pero la necesidad de blindar a las tripulaciones y las condiciones del duro invierno en Bosnia lo exigían. Cientos de quilos de pintura blanca y el logo U.N. en cada vehículo, completaban el cuadro.
Aquella misión salvó a la Legión, especialmente cuando políticos de diverso signo -Izquierda Unida había pedido reiteradamente su disolución- comprobaron su trabajo y su sacrificio sobre el terreno. (3)
Con el tiempo todo ha vuelto a su cauce. El rendimiento de las Unidades de la Legión en misiones exteriores ha sido extraordinario, compatibilizando la firmeza y seguridad en las operaciones, con una sensibilidad especial de apoyo a las poblaciones.
Y como me dice un leal compañero y amigo que ‘prudentemente’ guardó copia de la Instrucción que comento: «ha sido la disposición por escrito mas efímera que he conocido en mi vida militar».