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Gustos casi olvidados

| Menorca |

El otro día, en una estantería alta y poco frecuentada porque está llena de obras maestras que no volveré a leer en mi vida (se me han pasado las ganas), encontré semioculto sobre la tripa entre las cubiertas de Memorias de África, de Karen Blixen, un habano Romeo y Julieta del nº 2 que parecía llevar ahí esperando toda la vida. Bueno, toda la vida no, pero 25 o 30 años seguro, porque ni me acuerdo de las décadas que llevo sin fumarme un puro. No porque ya no me gusten, sobre todo si se trata de un Romeo y Julieta, que fue el habano favorito de Churchill, sino porque no me acuerdo, me olvido de que existen, nunca los tengo en cuenta. Probablemente lo puse ahí a fin de reservarlo para una gran celebración futura, que o bien no llegó nunca (no hubo nada que celebrar), o bien se me fue completamente de la cabeza.

Ignoro la fecha de caducidad de un buen cigarro, ni si puede aguantar 30 años en su estuche, pero me dio igual y lo encendí de inmediato, porque ya había esperado bastante. Me pasé la tarde fumando en el sillón reclinable, y para mi sorpresa lo pasé muy bien con ese gusto casi olvidado. Tampoco recuerdo exactamente cómo sabía un Romeo y Julieta en plenitud de condiciones, por lo que no les puedo decir si aguantan o no tanto tiempo. Es igual, lo pasé bien con retraso, que es lo importante. Y claro está, mientras me lo fumaba pensé en los gustos que sin dejar de serlo, se van olvidando y dejando de lado con los años, igual que humo, y no se sustituyen por otros porque quizá te empieza a gustar tener menos gustos. De joven se puede pensar que cuantos más gustos diferentes tengas, más gusto pasarás, pero eso no es del todo exacto. Hasta pudiera ser al contrario, por los disgustos que suelen dar los gustos. Plácidamente rodeado de humo, recordé algunos de mis gustos ya olvidados hace años, y que ni siquiera echo de menos. El fútbol, el cine, las obras maestras literarias, conocer gente, los enigmas, las exquisiteces gastronómicas. Las ideas. No es que no aprecie las ideas brillantes, pero se me olvidan. De otros gustos sentimentales, o subidos de tono, prefiero no decir nada. Quizá me he fumado mi último Romeo y Julieta. Estuvo bien, pero ya ni me acuerdo.

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