Todos sabemos que los discursos de los políticos los escribe un empleado a sueldo, que las consignas electorales las diseña un equipo de expertos y que cada traje, corbata, incluso los calcetines que usan se los eligen para dar una imagen u otra. Son productos que deben venderse. Por eso cada vez que Alberto Núñez Feijóo abre la boca me quedo pasmada. ¿Quién redacta sus frases? ¿Es que no tienen a nadie mejor dotado para escribir sus discursos? ¿Hay alguien en este país que pueda conectar con tantas sandeces? La última reunión con sus diputados, senadores y eurodiputados para transmitirles las directrices de su partido en el tramo final de la legislatura estuvo marcada por la «caída» de Viktor Orban en Hungría. Y no se le ocurrió nada mejor al gallego que decir que su misión es «liberar a España y a Europa del Orban del sur», refiriéndose a Pedro Sánchez. Quizá Feijóo no esté muy atento a lo que pasa en el resto del mundo, porque su foco es nacional, pero debería saber que el primer ministro húngaro es uno de los paladines de la extrema derecha mundial.
Y no ha caído por ningún reguero de presuntos casos de corrupción, sino por su decidida apuesta por la colaboración con Rusia y su negativa a seguir sufragando la guerra suicida de Ucrania, siendo el mandatario de un país pobre. Comparar a Pedro Sánchez con Viktor Orban aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid no tiene el menor sentido y seguro que alguno de los peperos que acudieron a la reunión quedaron asombrados porque, en muchos puntos, podrían sentirse bastante identificados con el húngaro: defensor de la familia tradicional, anti-woke, contrario a las demostraciones Lgtbi, religioso, conservador, firme con la inmigración.