El agua con gas ha sido objeto de numerosos debates en el ámbito de la nutrición y la salud digestiva durante años. Mientras algunos expertos la consideraban perjudicial para el sistema digestivo, nuevas evidencias científicas están cambiando esta percepción. La clave está en la cantidad y el momento de su consumo. Blanca García, profesional de la nutrición, ha compartido recientemente información reveladora sobre los efectos del agua carbonatada en nuestro organismo. Según explica esta experta, el agua con gas puede ayudar a expulsar gases del sistema digestivo, contrariamente a lo que muchas personas creen. Este efecto paradójico se produce cuando se consume en la dosis adecuada y puede contribuir significativamente a mejorar las digestiones y reducir la incómoda hinchazón abdominal que afecta a millones de españoles.
El funcionamiento de esta bebida en nuestro organismo tiene una explicación científica clara. El agua con gas contiene dióxido de carbono que, al entrar en contacto con el ambiente ácido del estómago, experimenta una transformación química importante. Este gas se convierte en ácido carbónico, una sustancia que actúa como catalizador en el proceso digestivo.
La presencia de ácido carbónico en el estómago desencadena una respuesta fisiológica específica: estimula la secreción de ácido clorhídrico, uno de los componentes más importantes del jugo gástrico. Este ácido resulta fundamental para la digestión de los alimentos, especialmente de las proteínas, que requieren un ambiente muy ácido para descomponerse adecuadamente. Además, el ácido clorhídrico cumple otras funciones esenciales en nuestro organismo. Facilita la absorción de vitaminas y minerales cruciales para el correcto funcionamiento del cuerpo, como la vitamina B12, el hierro, el calcio y el magnesio. Sin niveles adecuados de acidez estomacal, muchos de estos nutrientes simplemente atraviesan el sistema digestivo sin ser aprovechados.
Dosis recomendada para obtener beneficios
La cantidad de agua con gas que se consuma marca la diferencia entre experimentar beneficios o efectos adversos. García es muy clara al respecto: un vaso pequeño antes de comer puede ser la clave para activar el proceso digestivo y preparar el estómago para recibir los alimentos de manera óptima. Este pequeño vaso actúa como un aperitivo natural que estimula la producción de enzimas digestivas y prepara todo el sistema gastrointestinal para funcionar de manera más eficiente. Muchas personas que sufren de digestiones lentas o pesadas podrían encontrar en esta sencilla práctica una solución accesible y económica.
Sin embargo, la experta advierte que el exceso produce el efecto contrario. Tomar más de un vaso de agua con gas sí puede aumentar significativamente la sensación de gases y distensión abdominal. Esto se debe a que el exceso de dióxido de carbono se acumula en el tracto digestivo, generando precisamente los síntomas que se pretendían evitar.