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José Ortega y Gasset, filósofo: «La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla»

El pensador español del siglo XX dejó una reflexión sobre la vida, el recuerdo y la narrativa que sigue vigente en pleno 2026

Ortega y Gasset fue uno de los filósofos más influyentes del siglo XX | Foto: ARCHIVO

| Palma |

Una reflexión filosófica atraviesa el tiempo y resuena con fuerza en 2026: «La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla». Esta sentencia, formulada por el filósofo José Ortega y Gasset, desafía nuestra percepción sobre la existencia misma, invita a repensar el papel de la memoria y la narración en la construcción de nuestra identidad. Lejos de ser una simple frase poética, encierra una teoría profunda sobre la naturaleza humana y nuestra relación con el pasado.

El planteamiento sugiere que la realidad vivida y la realidad recordada no son necesariamente la misma cosa. Los acontecimientos que experimentamos quedan filtrados, reorganizados y reinterpretados por nuestra conciencia desde el momento presente. Así, cada vez que evocamos un episodio de nuestro pasado, lo estamos recreando desde nuestra perspectiva actual, influidos por nuestras circunstancias, emociones y conocimientos presentes.

Esta visión conecta directamente con las corrientes de pensamiento del autor, desarrolladas en España durante el siglo XX, cuando el país atravesaba una profunda crisis política y cultural. En aquel contexto histórico convulso, que incluía la Restauración borbónica, la Segunda República y la devastadora Guerra Civil, surgieron reflexiones filosóficas que buscaban comprender la esencia misma del ser humano y su relación con el entorno.

Una vida de filosofías y transformaciones

José Ortega y Gasset (1883-1955) fue una de las figuras clave del pensamiento europeo del siglo XX. Nacido en Madrid, se formó tanto en España como en Alemania, donde entró en contacto con las corrientes filosóficas más avanzadas de su tiempo. Posteriormente ocupó la cátedra de Metafísica en España, desde donde influyó en generaciones de intelectuales.

Su producción intelectual incluye obras fundamentales como Meditaciones del Quijote y La rebelión de las masas, textos que analizan tanto la identidad española como los fenómenos sociales y políticos de la modernidad. Ortega vivió intensamente los convulsos años de transformación española, experiencia que marcó profundamente su obra filosófica y su manera de entender la existencia humana.

Pilares fundamentales de su filosofía

El pensamiento de Ortega se sostiene sobre varios pilares conceptuales que revolucionaron la filosofía española del siglo XX. El primero de ellos es el raciovitalismo, una propuesta que rechaza tanto el racionalismo puro —que considera la razón como ente abstracto y universal— como el vitalismo irracional que desprecia el pensamiento lógico.

Para Ortega, la razón debe estar al servicio de la vida. No pensamos en abstracto, desde un punto neutro e inexistente, sino que pensamos desde nuestra vida concreta, con sus limitaciones, posibilidades y condicionantes. Esta idea se resume en su célebre máxima: "Yo soy yo y mi circunstancia", que establece que el individuo no existe aislado de su contexto.

La persona es inseparable de su entorno histórico, social y biográfico. Vivir significa enfrentarse a unas circunstancias dadas —que no elegimos— y decidir qué hacer con ellas mediante nuestras acciones y elecciones. Esta dimensión proyectiva es fundamental: la vida no está hecha de antemano, sino que se va construyendo continuamente.

La existencia como proyecto narrativo

Uno de los aspectos más revolucionarios del pensamiento orteguiano es su concepción de la vida como proyecto. Cada ser humano es un proyecto que se construye mediante elecciones, interpretaciones y decisiones. No somos una esencia fija e inmutable, sino un constante proceso de construcción que se desarrolla en el tiempo.

Esta visión conecta directamente con la frase sobre la memoria: si la vida es proyecto, entonces el acto de recordar es también un acto creativo. Al narrar nuestra existencia, no estamos simplemente reproduciendo hechos objetivos del pasado, sino organizándolos, dándoles sentido y coherencia desde nuestra perspectiva presente.

El perspectivismo, otro pilar fundamental de su filosofía, sostiene que no existe una verdad absoluta vista desde ningún lugar. Toda verdad es perspectiva, ligada a un punto de vista vital e histórico. Esto no implica un relativismo total que niegue la existencia de verdades compartidas o verificables, pero sí reconoce que nuestro acceso a la realidad siempre está mediado por nuestra posición existencial.

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