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Séneca lo advirtió hace 2.000 años: «No es que tengamos poco tiempo…»

El filósofo estoico de Córdoba desveló en 'De la brevedad de la vida' por qué la existencia se nos escapa entre los dedos

Séneca fue uno de los filósofos más influyentes de la Hispania romana

| Palma |

Una frase pronunciada hace más de dos milenios vuelve a resonar con fuerza este año, cuando la sociedad moderna se debate entre la productividad extrema y la sensación constante de no tener suficiente tiempo. «No es que tengamos poco tiempo sino que perdemos mucho», escribió Lucio Anneo Séneca en una de sus obras más emblemáticas. El filósofo cordobés, nacido en el año 4 a. C. y fallecido en el 65 d. C., plasmó en sus textos una crítica demoledora a la forma en que los seres humanos gestionan su recurso más preciado. En una época dominada por las redes sociales, las notificaciones constantes y la cultura del estar siempre ocupado, sus palabras parecen escritas para nuestros días.

Séneca vivió entre dos mundos: el poder político de Roma y la reflexión moral del estoicismo. Formado en la capital del Imperio tras nacer en la Hispania romana, específicamente en Córdoba, ejerció como tutor y posteriormente consejero del emperador Nerón. Esta relación culminó trágicamente en el año 65 d. C., cuando fue acusado de conspiración y forzado a quitarse la vida. El estoicismo que profesaba Séneca se fundamentaba en cuatro postulados esenciales que atraviesan toda su obra filosófica. En primer lugar, defendía que la verdadera felicidad consiste en vivir conforme a la razón y la naturaleza, aceptando aquello que escapa a nuestro control y gobernando exclusivamente nuestros juicios y acciones.

El segundo principio se centraba en el dominio del tiempo y de uno mismo, considerando el tiempo como el bien más valioso porque constituye la sustancia misma de la existencia. Desperdiciarlo equivale, según su filosofía, a desperdiciarse a uno mismo. La indiferencia ante lo externo constituía el tercer pilar de su pensamiento. Para Séneca, elementos como la riqueza, la fama o el poder no garantizan una vida plena; lo verdaderamente esencial radica en la virtud. Finalmente, el autoconocimiento y la disciplina interior cerraban su sistema filosófico: la filosofía no debía ser teoría abstracta, sino un ejercicio práctico y cotidiano para vivir mejor.

La célebre sentencia de Séneca resume con precisión matemática el diagnóstico que el filósofo realizaba sobre la condición humana. Según su análisis, la vida no es corta por naturaleza, sino que se vuelve breve cuando se malgasta en preocupaciones inútiles, ambición desmedida o placeres superficiales que no aportan verdadera satisfacción. El problema fundamental no reside en la falta de tiempo, sino en la ausencia de atención plena y gobierno consciente de uno mismo. Para el estoicismo, quien vive distraído o dominado por pasiones ajenas realmente no vive, simplemente deja pasar las horas, los días y los años sin aprovecharlos.

En sus Cartas a Lucilio y en De la brevedad de la vida, dos de sus obras más destacadas, Séneca desarrolla extensamente esta idea. Argumenta que las personas se quejan constantemente de lo corta que es la vida, pero paradójicamente la desperdician como si fuera infinita. Posponen constantemente lo importante, delegando la verdadera existencia a un futuro que nunca llega.

1 comentario

manu menorca manu menorca | Hace una hora

... cuánta razón... y eso nos hace reflexionar sobre aquellos que pierden su precioso tiempo siguiendo al pie de la letra unos escacharrantes dogmas de obligado cumplimiento que les condicionan la vida, dogmas de unas creencias religiosas impuestas que no tienen ningún fundamento y que son bulos completamente perniciosos a la par que falsos... da mucha pena que ciertos congéneres pierdan su preciado tiempo en esas tonterías...

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