Este 26 de febrero se celebra el Día Mundial del Pistacho, una fecha que llega en pleno apogeo de un fenómeno gastronómico sin precedentes. Lo que comenzó como una tendencia en redes sociales se ha convertido en una auténtica revolución culinaria que abarca desde la repostería más opulenta hasta la alta cocina. La explosión del pistacho en la gastronomía contemporánea no responde únicamente a su sabor característico. Se trata de una combinación perfecta entre formato viral, lujo aspiracional y capacidad de sorpresa. Tres elementos que han protagonizado esta tendencia ilustran a la perfección la fórmula de su éxito: el chocolate de Dubái, los croissants rellenos y su incursión en preparaciones saladas. Cada uno representa una faceta diferente de un mismo fenómeno que ha conquistado paladares y pantallas por igual.
El famoso chocolate de Dubái relleno de crema de pistacho representa la expresión máxima del exceso calculado. Esta creación combina crema abundante de pistacho, kataifi crujiente y, en ocasiones, hasta láminas de oro comestible. No se trata de sutileza gastronómica, sino de un impacto visual diseñado específicamente para las redes sociales. Dubái, como sinónimo de opulencia, encuentra en el pistacho el ingrediente perfecto porque ya lleva implícita una percepción de exclusividad y precio elevado.
Este chocolate funciona porque el pistacho deja de ser ingrediente para convertirse en protagonista absoluto. No busca equilibrio de sabores ni mesura en las cantidades. Su objetivo es claro: generar asombro cuando se parte y la crema verde brota generosamente. Es lujo pensado para ser filmado, compartido y viralizado. En España, varias chocolaterías artesanales han incorporado versiones propias de esta preparación, adaptándola al mercado local pero manteniendo esa esencia de abundancia que caracteriza al original.
Croissants rellenos: cuando lo clásico se reinventa
Los croissants rellenos de crema de pistacho han logrado algo que parecía imposible: desbancar al clásico pain au chocolat de su pedestal. Esta bollería funciona porque toma un ícono de la gastronomía francesa y lo transforma en algo nuevo, cremoso y visualmente impactante. El contraste entre el dorado de la masa hojaldrada y el verde intenso del relleno crea una estética irresistible para plataformas como Instagram o TikTok.
El momento en que la crema se desborda al partir el croissant se ha convertido en contenido ASMR de primera categoría. Representa comfort food elevado a categoría premium, indulgencia sin necesidad de justificación. En las principales ciudades españolas, desde Madrid hasta Barcelona, las pastelerías especializadas reportan listas de espera para conseguir estos productos, especialmente los fines de semana. El precio, significativamente superior al de un croissant tradicional, no parece frenar la demanda.
Además, el pistacho comunica un mensaje específico: esto no es bollería industrial barata, sino artesanía de autor con ingredientes selectos. Aunque muchos establecimientos producen en serie, la percepción del consumidor es de exclusividad. Por eso ha desplazado al chocolate en muchos locales: resulta más fotogénico, transmite una sensación más adulta y sofisticada, y permite justificar un precio premium.
La legitimación a través de lo salado
Cuando el pistacho comenzó a aparecer sistemáticamente en platos salados de cocina contemporánea, la tendencia dio un salto cualitativo importante. Dejó de ser exclusivamente un capricho dulce para convertirse en un recurso culinario versátil. Chefs de restaurantes con estrella Michelin y cocineros de establecimientos más accesibles coinciden en incorporarlo en pastas, donde el pesto de pistacho compite con el tradicional de albahaca. También aparece en carnes, pescados, cremas y rebozados, aportando grasa saludable, textura crujiente y un aroma distintivo que funciona como la almendra, pero con una percepción más elegante. Su color verde vibrante aporta un toque visual que hace que cualquier plato parezca más elaborado y pensado.
Esta incursión en lo salado normaliza y legitima la tendencia. Cuando un ingrediente trasciende el ámbito de lo dulce y se convierte en lenguaje culinario transversal, deja de ser moda pasajera para instalarse como recurso permanente. El pistacho en preparaciones saladas ya no es postureo ni marketing: es criterio gastronómico respaldado por sus propiedades organolépticas y nutricionales.