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No apagar las luces al salir de la habitación: el cambio generacional que apenas afecta a tu factura de la luz

La periodista Annemarie Conte, en su columna de The New York Times llamada 'Pregúntale a Wirecutter', titula uno de sus artículos: «¡Deja de preocuparte por apagar las luces al salir de una habitación!»

En su artículo titulado «¡Deja de preocuparte por apagar las luces al salir de una habitación!», Conte revela que ninguna de las personas consultadas apaga sistemáticamente las luces al abandonar un espacio | Foto: Freepik

| Palma |

Apagar las luces al abandonar una habitación era una norma casi sagrada en los hogares españoles durante décadas. Sin embargo, los avances tecnológicos en iluminación LED han transformado radicalmente este principio de ahorro energético. Según un artículo publicado en The New York Times, mantener encendidas las luces modernas apenas afecta a la factura eléctrica, lo que supone un cambio generacional en los hábitos domésticos de consumo energético. La periodista Annemarie Conte, responsable de la columna «Pregúntale a Wirecutter», abordó recientemente esta cuestión tras recibir una consulta de un lector preocupado por el comportamiento de su pareja.

En su artículo titulado «¡Deja de preocuparte por apagar las luces al salir de una habitación!», Conte revela que ninguna de las personas consultadas apaga sistemáticamente las luces al abandonar un espacio. Esta revelación ha generado sorpresa entre quienes crecieron con la estricta norma de controlar cada interruptor para reducir costes. El debate planteado por el lector identificado como J.B. refleja una discusión común en muchos hogares. «¿Por qué nadie en mi casa apaga las luces al salir de una habitación? Mi pareja dice que las bombillas modernas no deberían encenderse y apagarse constantemente, y eso me parece una excusa barata para justificar su despiste», planteaba el consultante.

Las bombillas LED modernas representan una revolución en eficiencia energética doméstica comparadas con las antiguas lámparas incandescentes. Mientras que una bombilla tradicional consumía entre 60 y 100 vatios por hora, las LED equivalentes apenas alcanzan los 8 o 10 vatios. Esto significa que dejar encendida una bombilla LED durante varias horas supone un coste económico prácticamente insignificante en la factura mensual.

Los cálculos técnicos demuestran que mantener encendida una bombilla LED de 10 vatios durante ocho horas diarias representa un consumo mensual de aproximadamente 2,4 kilovatios hora. Considerando el precio medio del kilovatio en España, esto equivale a menos de un euro al mes por bombilla. En comparación, las antiguas bombillas incandescentes generaban un gasto entre seis y diez veces superior, justificando plenamente la insistencia en apagarlas.

La vida útil de las bombillas modernas

Otro argumento tradicionalmente empleado para apagar las luces era prolongar la vida útil de las bombillas. Las lámparas incandescentes se deterioraban significativamente con cada ciclo de encendido y apagado, ya que el filamento sufría tensión térmica al calentarse y enfriarse bruscamente. Este factor obligaba a reemplazarlas con frecuencia, incrementando el gasto familiar. Las bombillas LED, por el contrario, funcionan mediante semiconductores que no sufren degradación significativa por los ciclos de encendido.

Los fabricantes estiman que una bombilla LED de calidad puede soportar entre 25.000 y 50.000 horas de funcionamiento, lo que equivale a décadas de uso doméstico normal. Esta durabilidad elimina prácticamente la preocupación por el desgaste prematuro causado por encender y apagar repetidamente las luces. Las bombillas LED (Light Emitting Diode, o diodo emisor de luz) son dispositivos de iluminación de estado sólido que generan luz mediante el paso de corriente eléctrica a través de un material semiconductor.

A diferencia de las bombillas incandescentes, que producen luz calentando un filamento hasta la incandescencia, los LED convierten directamente la electricidad en fotones mediante un proceso llamado electroluminiscencia. Esta tecnología permite una eficiencia energética superior al 80 por ciento, ya que casi toda la energía consumida se transforma en luz visible, generando mínimas pérdidas en forma de calor. Además, los LED no contienen mercurio ni otros elementos tóxicos presentes en las bombillas de bajo consumo tradicionales, lo que las convierte en una opción más sostenible desde el punto de vista medioambiental.

El cambio cultural en los hábitos de ahorro energético

La transición tecnológica ha generado un conflicto generacional en las prácticas domésticas. Las generaciones criadas durante las décadas de 1970 y 1980, cuando la energía era más cara y las bombillas menos eficientes, interiorizaron profundamente el hábito de apagar luces. Para ellos, dejar una luz encendida representa un desperdicio inaceptable, independientemente del coste real actual. Por el contrario, las generaciones más jóvenes, educadas ya en la era LED, muestran menor preocupación por este aspecto concreto del ahorro energético.

Según la encuesta informal mencionada por Conte entre los equipos especializados de Wirecutter, ninguno de los profesionales consultados mantiene la práctica sistemática de apagar luces al abandonar habitaciones temporalmente. Aunque el impacto económico sea mínimo, existen situaciones en las que apagar las luces mantiene sentido práctico. Si se abandona una habitación durante períodos prolongados, superiores a 15 o 20 minutos, apagar la luz sigue siendo la opción más eficiente, aunque el ahorro sea modesto.

Además, desde una perspectiva de conciencia ambiental, evitar cualquier consumo innecesario contribuye a reducir la demanda energética global. También conviene considerar que no todas las bombillas instaladas en los hogares son LED de última generación. Muchas viviendas todavía mantienen bombillas halógenas o de bajo consumo antiguas en determinadas ubicaciones. En estos casos, el consumo energético sí resulta significativo, justificando mantener el hábito tradicional de control de iluminación.

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