La experta en sostenibilidad Bàrbara Lacroix, fundadora del proyecto Cero Residuo, ha difundido a través de sus redes sociales un vídeo en el que enumera cuatro elementos habituales en las cocinas que considera perjudiciales para la salud. Las advertencias de Lacroix se centran en objetos cotidianos fabricados con materiales plásticos y recubrimientos antiadherentes que, según explica, liberan sustancias tóxicas y microplásticos al entrar en contacto con los alimentos. En el vídeo, que ha generado un importante debate en plataformas digitales, Lacroix detalla las razones por las que estos utensilios resultan problemáticos y ofrece alternativas más seguras y duraderas.
La experta basa sus recomendaciones en la reducción de la exposición a sustancias químicas nocivas presentes en materiales de uso diario. El mensaje de la fundadora de Cero Residuo ha resonado especialmente entre quienes buscan adoptar prácticas más saludables y sostenibles en el hogar, generando miles de interacciones y comparticiones en las últimas horas. La propuesta no solo apunta a mejorar la salud individual, sino también a reducir el impacto ambiental derivado del uso excesivo de plásticos de un solo uso y productos desechables.
El primer elemento que Lacroix recomienda eliminar son las tablas de cortar de plástico. Según explica en su vídeo: «Cada vez que cortas algo aquí, estás llenando tu comida de microplásticos». La experta sostiene que el acto de cortar con cuchillos sobre superficies plásticas genera pequeñas partículas que se desprenden del material y acaban mezclándose con los alimentos que se están preparando. Como alternativa, Lacroix propone el uso de tablas de madera, que duran más y no acumulan bacterias en las marcas de los cortes.
Contrariamente a la creencia popular de que la madera es menos higiénica, diversos estudios han demostrado que este material natural posee propiedades antibacterianas que dificultan la proliferación de microorganismos. Además, las tablas de madera resultan más duraderas y, al final de su vida útil, son biodegradables. El segundo elemento de la lista es el papel de hornear convencional. Lacroix señala que este producto «está recubierto por una capa antiadherente que hace que no se pueda reciclar». Este revestimiento, presente en la mayoría de papeles para hornear disponibles en el mercado, contiene compuestos químicos que impiden su procesamiento en plantas de reciclaje y pueden liberar sustancias durante el horneado a altas temperaturas.
La fundadora de Cero Residuo ha optado por láminas de silicona reutilizables que no liberan tóxicos y son fáciles de limpiar. Según su testimonio: «La mía la tengo desde hace 10 años y está como nueva». Estas láminas de silicona de grado alimentario soportan temperaturas elevadas sin degradarse, pueden lavarse en el lavavajillas y representan una inversión económica que se amortiza rápidamente al eliminar la necesidad de comprar papel de hornear desechable repetidamente.
Utensilios de plástico y su descomposición térmica
En tercer lugar, Lacroix advierte sobre los utensilios de cocina fabricados con plástico. La experta es contundente al afirmar: «Cada vez que metes una espátula de estas en agua o aceite caliente, se funde parte del plástico y te lo estás comiendo». Los polímeros plásticos, especialmente cuando se exponen a temperaturas elevadas, pueden liberar compuestos químicos como ftalatos y bisfenol A (BPA), sustancias relacionadas con diversos problemas de salud. La alternativa propuesta por Lacroix son los utensilios de madera que no liberan tóxicos, duran años y no rayan las sartenes.
Las espátulas, cucharones y otros utensilios de madera natural ofrecen resistencia térmica sin riesgo de descomposición química, resultan más suaves con los recubrimientos antiadherentes de las sartenes y, además, aportan un aspecto estético cálido y natural a la cocina. El cuarto y último elemento que la experta recomienda eliminar son los tuppers de plástico. Lacroix explica que «cuando se calientan en el microondas o pasan por el lavavajillas, liberan tóxicos y microplásticos» que se quedan en la comida. Este fenómeno, conocido como migración química, se intensifica cuando los recipientes plásticos se someten a temperaturas elevadas o se utilizan con alimentos grasos o ácidos.
La fundadora de Cero Residuo ha sustituido estos recipientes por tuppers de cristal o de acero inoxidable que «no acumulan bacterias, no absorben olores y duran toda la vida, si no se te cae el cristal». Estos materiales resultan inertes desde el punto de vista químico, lo que significa que no interactúan con los alimentos ni liberan sustancias, independientemente de la temperatura o del tipo de alimento que contengan.
¿Son realmente peligrosos los microplásticos en la cocina?
Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros que pueden generarse por la degradación de objetos más grandes o liberarse directamente durante el uso de productos cotidianos. Investigaciones recientes han detectado la presencia de microplásticos en alimentos, agua y hasta en el aire que respiramos, generando creciente preocupación en la comunidad científica sobre sus posibles efectos en la salud humana. Estudios toxicológicos sugieren que la exposición continuada a microplásticos podría estar relacionada con procesos inflamatorios, alteraciones hormonales y otros efectos adversos, aunque se necesita más investigación para establecer relaciones causales definitivas.
En el contexto doméstico, las tablas de cortar, utensilios y recipientes de plástico constituyen fuentes potenciales de exposición, especialmente cuando se someten a desgaste mecánico o térmico. El mercado ofrece actualmente numerosas alternativas sostenibles y seguras a los utensilios plásticos tradicionales. Entre los materiales recomendados por expertos en salud ambiental se encuentran la madera certificada, el bambú, el acero inoxidable, el vidrio borosilicato y la silicona de grado alimentario. Cada uno de estos materiales presenta ventajas específicas en términos de durabilidad, seguridad alimentaria y facilidad de mantenimiento.
La madera y el bambú destacan por sus propiedades antibacterianas naturales y su carácter biodegradable, mientras que el acero inoxidable y el vidrio ofrecen inercia química total y facilidad de limpieza. La silicona de grado alimentario, por su parte, resiste temperaturas extremas sin descomponerse y resulta especialmente útil para moldes y láminas de horneado. La inversión inicial en estos productos suele ser superior a la de sus equivalentes plásticos, pero su durabilidad compensa ampliamente el coste a largo plazo.