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Thomi Müller, experto canino, sobre regañar a los perros: «Pones un miedo mayor encima del otro»

El adiestrador advierte sobre las consecuencias de un método que muchos dueños aplican sin conocer el daño psicológico real

El experto ha compartido los consejos en redes sociales.

| Palma |

Miles de dueños se enfrentan cada día a la misma situación: su perro gruñe, ladra o intenta morder cuando se cruza con otros canes durante el paseo. La respuesta instintiva suele ser regañar o incluso castigar físicamente al animal, pero esta reacción podría estar empeorando drásticamente el problema en lugar de solucionarlo. Thomi Müller, especialista en comportamiento canino, advierte sobre las graves consecuencias de aplicar métodos punitivos en estos momentos de tensión. Según explica, cuando un perro muestra agresividad hacia otros, lo que realmente está manifestando es miedo o inseguridad, no dominancia ni desobediencia.

La incomprensión de esta realidad ha llevado a muchos propietarios a aplicar técnicas contraproducentes que terminan por generar animales con problemas de ansiedad severos. El experto asegura que «pones un miedo mayor encima del otro» cuando castigas a un perro que ya está experimentando estrés. Los perros experimentan una amplia gama de emociones cuando se encuentran con otros animales en la calle. Lo ideal es que mantengan una desconfianza justa que les permita aproximarse de manera tranquila y controlada.

En condiciones normales, el animal recopila información mediante el olfato, manteniendo un lenguaje corporal relajado y pacífico. Sin embargo, cuando un can no ha tenido una socialización adecuada durante sus primeros meses de vida, o ha sufrido experiencias traumáticas, esa desconfianza natural se transforma en miedo patológico. La situación se complica especialmente cuando el perro está atado con correa, ya que el animal no puede alejarse de aquello que le genera ansiedad.

Müller utiliza una comparación reveladora para ayudar a entender la perspectiva del animal: imaginar que alguien coloca una tarántula sobre la cabeza de una persona con fobia a las arañas. La reacción sería gritar, llorar o enfadarse intensamente. Para el perro ocurre exactamente lo mismo cuando se ve forzado a permanecer cerca de algo que percibe como amenazante. La tensión acumulada en estos encuentros forzosos provoca que el perro se ponga rígido, gruña y ladre. Con el tiempo, este mecanismo de autodefensa evoluciona hacia la agresividad como respuesta aprendida. El animal asocia la presencia de otros perros con una experiencia negativa que no puede evitar.

Si en esos momentos críticos de tensión el dueño decide castigar al animal, el efecto es devastador. Lejos de corregir el comportamiento, lo único que se consigue es reforzar el recuerdo negativo asociado al encuentro con otros canes. En futuros paseos, la reacción del perro será progresivamente peor, entrando en una espiral de estrés creciente. Estos métodos basados en la dominancia funcionan aparentemente porque el perro desarrolla más miedo hacia su dueño que hacia los otros animales. El can deja de mostrar reacciones agresivas no porque haya superado su ansiedad, sino porque teme las consecuencias que recibirá de su propietario.

El resultado es un animal que vive en estado de estrés permanente, incapaz de comunicar su malestar por temor a las represalias. Müller describe esta situación como poner un miedo mayor sobre el miedo original, creando capas de trauma que afectan gravemente el bienestar del animal.

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