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Cómo Rusia gana con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán

Tras la invasión de Ucrania Moscú perdió buena parte de su cartera en los mercados internacionales, pero la guerra de Trump y Netanyahu lo cambió todo

Vladímir Putin en su despacho | Foto: Efe - GAVRIIL GRIGOROV

| Moscú |

Cuatro años después del inicio de la invasión de Ucrania, Rusia emerge como beneficiaria inesperada del conflicto desencadenado entre Estados Unidos, Israel e Irán. Los ataques coordinados que comenzaron el pasado 28 de febrero han provocado un cambio radical en el tablero geopolítico mundial, permitiendo a Moscú recuperar terreno en los mercados energéticos internacionales tras años de sanciones económicas que mermaron significativamente su cartera de clientes. Por contradictorio que pueda parecer el contexto actual dista mucho del escenario que afrontaba Rusia tras la orden de Vladímir Putin de invadir Ucrania en febrero de 2021.

Las sanciones internacionales impuestas a los hidrocarburos rusos provocaron una drástica reducción de su presencia en los mercados globales, obligando a Moscú a buscar compradores alternativos con importantes descuentos. Sin embargo, la escalada entre Washington, Tel Aviv y Teherán ha reconfigurado por completo este panorama, generando oportunidades comerciales inesperadas para el Kremlin.

La muerte del líder supremo iraní y el cierre de facto del estrecho de Ormuz han disparado los precios de la energía a nivel mundial. Este encarecimiento del mercado energético global ha permitido a Rusia posicionarse nuevamente como proveedor estratégico, aprovechando la incertidumbre generada por el conflicto en Oriente Medio y la necesidad urgente de los países europeos y asiáticos de asegurar sus suministros energéticos.

De la ofensiva relámpago a la guerra de desgaste en Ucrania

Lo que comenzó como una operación militar que pretendía ser un paseo triunfal sobre Kiev se transformó rápidamente en un conflicto enquistado. La resistencia ucraniana frustró los planes iniciales del Kremlin, que calculaba tomar la capital en cuestión de días. La realidad impuso un escenario muy diferente: posiciones fortificadas, una guerra de trincheras moderna y un desgaste continuo que se prolonga ya durante más de cuatro años.

Las consecuencias económicas no se hicieron esperar. La comunidad internacional respondió con un paquete de sanciones sin precedentes que apuntaban directamente al corazón de la economía rusa: sus exportaciones de petróleo y gas natural. Países que durante décadas habían dependido del suministro energético ruso, caso de Alemania y buena parte de la Unión Europea (UE), se vieron obligados a buscar alternativas, reduciendo drásticamente los ingresos de Moscú y limitando su capacidad para financiar el esfuerzo bélico.

El giro inesperado en los mercados energéticos mundiales

Sin embargo, la situación ha dado un vuelco dramático en las últimas semanas. Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán han generado una crisis energética de proporciones considerables. El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial, se encuentra prácticamente bloqueado, lo que ha disparado los precios del crudo y ha creado una necesidad urgente de fuentes alternativas de suministro.

En este contexto, la Administración de Donald Trump ha adoptado una postura que muchos analistas califican como sorprendente. Washington ha otorgado un «perdón administrativo» a Moscú, relajando parcialmente las restricciones que impedían la comercialización de hidrocarburos rusos en determinados mercados. Esta decisión, motivada por la necesidad de estabilizar los precios energéticos globales, representa un cambio de 180 grados respecto a la política seguida durante los últimos años.

Las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz

El bloqueo del estrecho de Ormuz ha tenido repercusiones inmediatas en los mercados internacionales de energía. Los precios del barril de petróleo han experimentado incrementos superiores al 40 % en apenas tres semanas, mientras que el gas natural licuado ha registrado subidas aún más pronunciadas. Esta situación ha generado alarma entre los gobiernos europeos, que enfrentan la posibilidad de una nueva crisis energética similar a la vivida en 2022.

Para Rusia, este escenario representa una oportunidad dorada. Moscú puede ahora colocar sus hidrocarburos a precios muy superiores a los que obtenía mediante ventas con descuento a países como India o China. Además, el levantamiento parcial de sanciones le permite acceder nuevamente a mercados que había perdido, recuperando una posición de fortaleza que parecía imposible hace apenas unos meses.

El contexto geopolítico de la guerra entre Washington, Tel Aviv y Teherán

El conflicto que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán hunde sus raíces en décadas de tensiones regionales. Sin embargo, la escalada iniciada el 28 de febrero marca un punto de inflexión sin precedentes. Los ataques coordinados contra infraestructuras estratégicas iraníes han provocado una respuesta que ha paralizado el tráfico marítimo en una de las rutas comerciales más importantes del planeta.

La muerte del líder supremo iraní en uno de estos ataques ha radicalizado aún más las posturas. Teherán ha respondido con el despliegue de fuerzas militares que controlan de facto el estrecho de Ormuz, amenazando con mantener el bloqueo hasta que cesen las hostilidades. Esta situación ha colocado a la economía global en una posición extremadamente vulnerable, dependiente de decisiones políticas tomadas en un contexto de máxima tensión.

El estrecho de Ormuz es un paso marítimo situado entre Irán y la península arábiga que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Con apenas 33 kilómetros de anchura en su punto más estrecho, representa un cuello de botella estratégico vital para el comercio mundial de hidrocarburos. Por sus aguas transitan diariamente entre 17 y 21 millones de barriles de petróleo, además de importantes volúmenes de gas natural licuado. Su importancia geopolítica ha convertido a este estrecho en escenario recurrente de tensiones internacionales. El control efectivo del paso por parte de Irán le otorga un poder de negociación considerable frente a Occidente, especialmente en momentos de crisis como el actual. El bloqueo actual supone el más prolongado desde la guerra Irán-Irak de los años ochenta.

La posición de Rusia en el nuevo orden energético global y sus afectaciones en la guerra ucraniana

Moscú ha sabido aprovechar magistralmente esta coyuntura. Mientras el conflicto en Oriente Medio se recrudece, Rusia ha reactivado sus relaciones comerciales con países europeos que, solo meses atrás, habían jurado no volver a depender del gas y petróleo rusos. La necesidad imperiosa de asegurar suministros energéticos a precios asumibles ha pesado más que las consideraciones políticas o éticas. Además, el Kremlin ha intensificado sus contactos con grandes consumidores asiáticos, ofreciendo condiciones ventajosas y garantías de suministro a largo plazo. China, India, Pakistán y varios países del sudeste asiático han incrementado significativamente sus compras de hidrocarburos rusos, consolidando una red de relaciones comerciales que proporciona a Moscú estabilidad económica y capacidad financiera renovada.

El fortalecimiento económico de Rusia tiene consecuencias directas sobre el conflicto ucraniano. Los nuevos ingresos procedentes de las ventas energéticas proporcionan al Kremlin recursos frescos para mantener su esfuerzo militar, adquirir equipamiento y sostener una economía de guerra que mostraba signos evidentes de agotamiento hace apenas unos meses.

Para Ucrania, esta evolución representa un desafío adicional considerable. La esperanza de que las sanciones económicas forzaran a Moscú a negociar se desvanece ante la recuperación de la capacidad financiera rusa. Kiev observa con preocupación cómo su principal aliado, Estados Unidos, adopta decisiones que indirectamente benefician a su agresor, priorizando la estabilidad energética global sobre el apoyo incondicional a la resistencia ucraniana. Sin embargo, también existen riesgos para Moscú. La volatilidad del mercado energético podría revertirse rápidamente si se alcanza un acuerdo diplomático que permita reabrir completamente el estrecho de Ormuz. En ese escenario, Rusia podría enfrentar nuevamente la reinstauración de sanciones más estrictas y la pérdida de los mercados que acaba de recuperar, especialmente si la Administración estadounidense recibe presión interna para endurecer su postura.

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