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Juan Carlos I a Felipe VI sobre la infanta: "Déjamelo a mí que soy su padre"

Hace tres años el todavía rey envió a Estados Unidos a dos emisarios para hablar con la infanta Cristina y pedirle que renunciara a sus derechos sucesorios

El Rey Don Juan Carlos junto a los Duques de Palma, la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín, en la ceremonia de entrega de los Premios Laureus, en 2006 | Efe

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«Déjamelo a mí que soy su padre». Es el consejo que según el periodista Fernando Ónega le ha hecho recientemente el rey Juan Carlos a su hijo, el rey Felipe VI, sobre la situación de su hermana, la infanta Cristina, que se sentará en el banquillo por el caso Nóos.

Ónega, autor de «Juan Carlos I, el hombre que pudo reinar», hace un repaso a su reinado y revela los entresijos de la abdicación y el «golpe tremendo» que le ha supuesto la imputación de su hija.

Relata el periodista que hace tres años el todavía rey Juan Carlos envió a Estados Unidos a dos emisarios -uno de ellos Fernando Almansa- para hablar con la infanta Cristina y pedirle que renunciara a sus derechos sucesorios a la Corona por el bien de la institución.

La infanta «tomó nota» de esa solicitud, pero hasta ahora no ha habido ninguna respuesta.

Ya cerca de estas navidades, el rey Juan Carlos y su hijo hablaron de nuevo sobre la situación penal de la infanta y su asistencia a los actos familiares por las fiestas.

Durante esa conversación, el rey Juan Carlos recomendó a su hijo que le dejara a él mediar con la infanta.

No le consta a Ónega que el rey Juan Carlos haya vuelto a hablar del asunto con su hija, aunque sí que ha pesado mucho su opinión de que sea apartada de la familia real.

En «Juan Carlos I, el hombre que pudo reinar», Ónega incluye el primer testimonio del monarca después de su abdicación el pasado mes de junio, un momento histórico que vivió con una mezcla de sentimientos contradictorios.

Lo primero, «la satisfacción del deber cumplido» y «el orgullo de padre» al ver a su hijo nuevo rey, aunque también el «dolor de la despedida» después de casi cuatro décadas de reinado.

Según Ónega, la abdicación comenzó a gestarse hace casi dos años, aunque la decisión se precipitó con el discurso de la Pascua Militar de enero de 2014, en el que el rey dio una imagen de hombre cansado y con una salud muy deteriorada.

Antes de eso, se había producido la «humillación» de pedir perdón públicamente por el accidentado viaje a Bostsuana, y la pérdida de imagen de la monarquía que apuntaban todas las encuestas.

A partir de ese momento, un reducidísimo número de personas estuvo al tanto de la decisión del rey, y se comenzó a diseñar el procedimiento legal de abdicación.

Entre estas personas, destaca el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, sin cuyo decidido apoyo no hubiera sido posible una sucesión tranquila de la Corona.

El discurso de abdicación pronunciado el 2 de junio se escribió en un avión en su último viaje de Estado, aunque el anuncio se adelantó unas semanas ante la convicción de que ya se habían producido filtraciones.

Una vez abandonado el trono, Onéga ve al rey Juan Carlos «relajadísimo», con la sensación de que se ha quitado «un peso de encima» y la satisfacción de que el proceso de sucesión «salió bien».

En la entrevista, don Juan Carlos no ha querido hablar sobre cómo se debe reinar para no condicionar a su hijo.

Sí cuenta Ónega que, al parecer, en el primer mensaje de Navidad de Felipe VI existieron algunas diferencias entre Zarzuela y Moncloa sobre asuntos como Cataluña o la corrupción.

«Ganaron las tesis de Zarzuela», explica.

Hace apenas unos días, el periodista habló con don Juan Carlos para conocer qué le había parecido el libro, y aprovechó para preguntarle cómo se encontraba.

«Cojonudo», le dijo sin ambages.

Un ejemplo, dice Ónega, de la forma de ser del rey, un hombre que tararea todas las canciones de María Dolores Pradera, que coge el teléfono a todo el mundo que le llama y que no duda en quedarse despierto hasta altas horas de la madrugada contestando mensajes.

En Zarzuela -añade- «la casa está sosegada», la relación con la reina Letizia es «mucho más cordial» que en tiempos pasados en los que existía un «choque de culturas» y su trato con la reina Sofía se resume en los besos que se dedicaron en el balcón del Palacio Real el pasado 19 de junio, día de la proclamación de Felipe VI.

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