Abdelhamid Khalifa, argelino, llegó a Barcelona hace diez meses con una mochila cargada de cinco idiomas, un máster y la convicción de construir una vida en Cataluña. Con la entrada en vigor este jueves de la regularización extraordinaria, ve más cerca su objetivo, aunque un trámite podría dejarle fuera.
«Me alegro mucho, porque es una oportunidad de estar y trabajar de manera legal en el país», asegura a EFE el joven de 28 años, que estudia mientras aprende catalán «para integrarse», sobre la nueva ley. Como él, alrededor de medio millón de migrantes en España podrán solicitar a partir de hoy un permiso de residencia temporal -de un año, prorrogable a otro más-, siempre que cumplan con los requisitos: ser mayor de edad, haber estado en el país cinco meses seguidos y no tener antecedentes penales en España ni en donde haya vivido los cinco años anteriores a su entrada.
Obstáculos para validar antecedentes en algunos países
Acreditar esto último se ha convertido para muchos interesados, especialmente los nacidos en países africanos, en un gran reto burocrático debido a la ausencia del mecanismo de apostilla de La Haya, que agiliza la validación internacional de los documentos. En naciones que no forman parte de este convenio, como es el caso de Argelia, el certificado tiene que seguir necesariamente la vía diplomática.
«He pedido muchas veces una cita para legalizarlo a la Embajada de España y no me han respondido en tres meses, por eso es un obstáculo», denuncia Khalifa.
En la misma situación se encuentra Olalekan Lawal, un matemático nigeriano de 27 años que llegó a la ciudad condal hace cuatro y que, a pesar de estar cursando un grado superior de eficiencia energética, sigue atrapado en la irregularidad. «El único problema son los penales de la policía, que en algunos países son muy difíciles y toman mucho tiempo para llegar, como Nigeria. Lo pedí en enero y hasta ahora no ha llegado», advierte Lawal, que, al igual que Abdelhamid, reside y se forma bajo el amparo de la fundación BarcelonActua.
Un «círculo vicioso» administrativo
Desde el área jurídica de esta entidad, el abogado de extranjería Edwin Hurtado, advierte de que, sin ese «último sello» de la delegación española en origen, el documento de antecedentes carece de validez legal en España.
«Es una limitación directa; hay países de África que ni siquiera tienen misión diplomática propia y el migrante debe cruzar fronteras para intentar conseguir un sello que a menudo se le niega», afirma. El abogado señala además que hay embajadas, como la de Argelia, que «están bloqueando la legalización» al no dar respuesta, lo que puede ser «un medio para evitar que consigan la documentación si no les interesa ese país».
A su juicio, esto genera un «círculo vicioso», ya que la ley permite al Gobierno solicitar los penales de oficio si el país de origen no responde, pero si en tres meses no hay contestación, la solicitud del migrante se da por desistida. Hurtado augura que muchos expedientes envueltos en esta situación tendrán que pasar por los juzgados para demostrar que los solicitantes tenían capacidad de demostrar que no representan «una amenaza para el orden o la seguridad pública», como exige la ley.
Acompañamiento frente a la «letra pequeña»
Ante este laberinto burocrático, la directora general y fundadora de BarcelonActua, Laia Serrano, celebra la medida y asegura que «es fundamental ir de la mano de expertos porque hay mucha letra pequeña y trámites que generan gran frustración en los chicos». Como parte de uno de sus tres programas, la fundación ofrece acompañamiento jurídico, laboral y formativo a 48 jóvenes migrantes, que residen ahora en sus tres casas de acogida en la ciudad, con el objetivo de que consigan regularizar su situación.
La medida es una «oportunidad como sociedad», pero ahora, dice, hace falta «poner las cosas fáciles» para que todas las personas susceptibles de poderse acoger lo puedan hacer con facilidad. «Todo el mundo se va a beneficiar», recuerda Olalekan, quien tiene claro que su meta es trabajar para «pagar impuestos» en España. Por su parte, Abdelhamid, que hace oídos sordos a los discursos contrarios a la regularización extraordinaria, recuerda que los migrantes son «gente libre», como el resto, que simplemente busca «una vida mejor».
¿Antecentes? Para su casa