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Del encaje al minimalismo: así ha evolucionado la lencería femenina en los últimos 20 años

Mientras tanto, la lencería del futuro parece orientarse hacia una mayor personalización y funcionalidad

Marcas como Leonisa, comprometidas con la innovación, han trabajado para ofrecer rangos completos que incluyan a todas las mujeres | Foto: Oksana Fishkis

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La lencería femenina ha experimentado una transformación silenciosa pero profunda en las últimas dos décadas. Lo que antes se medía exclusivamente en términos de sensualidad y estética ha dado paso a una conversación más amplia donde el confort, la tecnología y el empoderamiento personal ocupan el centro del escenario.

De la estética rígida a la comodidad consciente

A principios de los años 2000, el mercado de la lencería femenina estaba dominado por el encaje elaborado, los aros rígidos y diseños que priorizaban una silueta determinada. Las tendencias marcaban estándares muy concretos que, en muchos casos, dejaban la comodidad en un segundo plano.

La lencería ha dejado de ser un accesorio secundario y se ha convertido en una herramienta de bienestar personal.

El cambio comenzó a gestarse de forma gradual. Cada vez más mujeres empezaron a buscar prendas que se adaptaran a su ritmo de vida real: jornadas largas, actividades diversas y la necesidad de sentirse bien durante todo el día. La conversación evolucionó desde la forma hacia la función, sin renunciar necesariamente a la estética.

La revolución del tejido inteligente

La verdadera disrupción llegó de la mano de la innovación tecnológica aplicada a los textiles. Marcas con décadas de experiencia en el sector, como la colombiana Leonisa, con más de 600 millones de unidades vendidas en más de 20 países, apostaron por investigación y desarrollo en tejidos funcionales que respondieran a las necesidades reales de las mujeres.

Las costuras planas, los materiales transpirables y las tecnologías de compresión inteligente transformaron completamente la experiencia de uso. Ya no se trataba simplemente de cubrir el cuerpo, sino de acompañarlo en cada actividad del día, desde una reunión de trabajo hasta una sesión de ejercicio.

El minimalismo como filosofía

La década de 2010 trajo consigo una estética más depurada. El minimalismo, que ya había conquistado la arquitectura y el diseño de interiores, se instaló también en los cajones de lencería. Líneas limpias, colores neutros y acabados invisibles bajo la ropa se convirtieron en el nuevo estándar de elegancia.

Este cambio estético no fue superficial. Reflejaba una transformación más profunda en la relación de las mujeres con su propio cuerpo y su intimidad. La lencería dejó de ser un complemento secundario para convertirse en una extensión natural de la identidad personal.

Inclusión y diversidad de tallas

Otro cambio fundamental ha sido la ampliación del concepto de belleza y, con ello, de las tallas disponibles. Durante décadas, encontrar lencería en tallas grandes o con copas específicas para pechos voluminosos era un verdadero desafío.

Marcas como Leonisa, comprometidas con la innovación, han trabajado para ofrecer rangos completos que incluyan a todas las mujeres, desde sujetadores para el postparto hasta líneas especializadas para diferentes momentos vitales.

Sostenibilidad: el nuevo imperativo

Los últimos años han añadido una capa adicional de exigencia. Las consumidoras actuales quieren saber dónde y cómo se fabrican sus prendas. La moda consciente ha llegado también a la ropa interior, con materiales reciclados, procesos de producción responsables y una apuesta por la durabilidad frente al usar y tirar.

¿Hacia dónde vamos?

La lencería del futuro parece orientarse hacia una mayor personalización y funcionalidad. Prendas que corrijan la postura, que se adapten a diferentes actividades sin necesidad de cambiarse, que incorporen tejidos con propiedades específicas para el cuidado de la piel.

Lo que permanece constante es el mensaje de fondo: la lencería ha dejado de ser un accesorio secundario y se ha convertido en una herramienta de bienestar personal. La seguridad, como bien señalan las marcas que han liderado esta transformación, se lleva por dentro.

El encaje no ha desaparecido, pero ahora convive con alternativas igual de válidas. Cada mujer elige según su momento, su actividad y su estado de ánimo. Y esa libertad de elección es, quizás, la mayor conquista de estas dos décadas de evolución.

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