La llegada a Japón de turistas y ciudadanos provenientes de España suele convertirse en una experiencia llena de sorpresas culturales. Entre los aspectos más llamativos destacan los célebres «coches en miniatura» que recorren las calles niponas, una estampa que a ojos occidentales puede resultar completamente insólita. En ese sentido, el influencer Miguel de Sevilla ha viralizado la imagen de estos coches compactos, conocidos como «kei cars», evidenciando cuán diferente puede ser el concepto de movilidad urbana entre ambos países.
Impactado por lo que vio durante su estancia, Miguel no dudó en compartir en su canal de vídeos la peculiaridad de estos vehículos: «Parecen de juguete total», describía con humor. Su reacción es sintomática de lo que ocurre a la mayoría de visitantes que, acostumbrados al tamaño estándar de los utilitarios europeos, se encuentran con automóviles que podrían parecer réplicas a escala pero que, lejos de ser una excentricidad, constituyen una parte esencial del paisaje diario japonés.
En el país del sol naciente, las dimensiones reducidas y las formas geométricas de los kei cars no son fruto del azar ni del capricho. Se trata de una respuesta inteligente a los grandes retos de espacio y densidad de población que enfrenta Japón desde hace décadas. De hecho, estas soluciones de movilidad están profundamente arraigadas en normativas estatales e intereses económicos y medioambientales.
Origen y evolución histórica de los kei cars
La aparición de los kei cars se remonta a finales de la década de 1940. En el complejo escenario de la posguerra, el Gobierno japonés implementó una batería de regulaciones en 1949 para incentivar la motorización económica entre la población. Estas normativas establecieron unas especificaciones muy precisas: dimensiones máximas (actualmente 3,40 metros de largo y 1,48 metros de ancho), motores de hasta 660 centímetros cúbicos y una potencia limitada.
Esta estrategia buscaba que las clases populares pudieran adquirir un vehículo a precios asequibles, con bajo consumo y ventajas fiscales. El resultado fue la irrupción de unos coches perfectamente adaptados a las estrechas calles niponas, un símbolo de la reconstrucción industrial y el acceso democrático al automóvil. A lo largo de los años, aunque las prestaciones han mejorado y sus diseños se han modernizado, el espíritu y la función de los kei cars han cambiado poco.
A día de hoy, los kei cars representan casi el 40% del parque automovilístico japonés en 2025, superando los 16 millones de unidades en circulación, según datos de la Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles. El secreto de su popularidad radica en múltiples factores: impuestos reducidos, menor coste de seguros, fácil aparcamiento y gran maniobrabilidad en las congestionadas ciudades japonesas.
Resulta especialmente relevante para los visitantes de España el contraste con las urbes ibéricas. Mientras ciudades como Madrid y Barcelona afrontan problemas de aparcamiento y contaminación, en Tokio, Osaka o Nagoya, los kei cars permiten optimizar cada centímetro de vía pública y ofrecen soluciones prácticas para familias y profesionales.
Esto llegará aquí, ya no hay sitio para coches normales.