En plena celebración de Fitur, el último informe de CaixaBank Research pone cifras al turismo de lujo y apunta que apenas el 3 por ciento de los turistas internacionales concentra en torno al 20 por ciento del gasto turístico, donde Balears aglutina cerca del 22 por ciento de este segmento de alto valor. La diferencia de impacto económico ayuda a entender por qué este segmento despierta tanto interés.
El gasto medio diario del turista de lujo se sitúa en torno a los 731 euros, muy por encima del gasto medio del conjunto de visitantes extranjeros (46 euros). Una brecha que adquiere más relevancia en un contexto de máximos históricos de demanda, con España alcanzando cifras récord de llegadas. También cambia el perfil del viajero porque aunque Reino Unido, Francia y Alemania siguen liderando en volumen, pierden peso en la alta gama, donde ganan protagonismo mercados con mayor renta per cápita como Estados Unidos, Suiza, Bélgica o Países Bajos, menos numerosos pero con una capacidad de gasto muy superior.
Trasladado a Menorca, el dato invita a la reflexión. La isla ha ido incorporando en los últimos años una oferta claramente orientada a un visitante de mayor capacidad de gasto, pero ello no ha evitado que la presión se siga concentrando en los mismos meses ni que afloren tensiones conocidas en movilidad, vivienda o servicios. La experiencia demuestra que el perfil del turista importa, pero también y quizá más el momento y la intensidad con la que se produce su llegada.
De ahí que convenga huir de lecturas fáciles. Menorca ha construido su relato turístico sobre la calma, el paisaje y una determinada forma de estar en el mundo. Convertir esos atributos en valor económico es legítimo, pero hacerlo sin erosionarlos, sigue siendo el verdadero reto. El turismo de lujo no es una fórmula mágica ni una garantía de equilibrio por sí misma y quizá el dato del 3 por ciento, no nos esté diciendo a quién debemos atraer, sino a quién deberíamos dejar de perseguir. Porque si una parte mínima del mercado genera una quinta parte del gasto, insistir en seguir creciendo por volumen se ha convertido hoy día en una inercia difícil de justificar.