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Sentarse en la mesa

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El presidente de Canadá Mark Carney sorprendió recientemente en Davos con un breve discurso lleno de clarividencia sobre la situación geopolítica actual y el papel que deben jugar las potencias medianas como Canadá o los países europeos. En la actualidad existen tres grandes potencias (EE.UU, China y Rusia) que parecen haberse quitado su velo y actúan según sus intereses sin tener en cuenta al resto del mundo. En apenas 12 meses Trump ha recuperado la doctrina Monroe y la política de las cañoneras con su intervención en Venezuela, ha amenazado con apoderarse de Groenlandia, convertir en un resort turístico la franja Gaza y junto a Israel ha golpeado severamente a Irán. Un presidente resolutivo, sin complejos que en la búsqueda del interés de su país (MAGA -Make America Great Again-) ha hecho volar por el aire el orden internacional pactado tras la Segunda Guerra Mundial. Orden que se fundamentaba en los principios del multilateralismo, la cooperación, y la resolución de problemas bajo la tutela de organismos internacionales (ONU, Banco Mundial, FMI, Organización Mundial del Comercio, etc.).

De forma similar Xi Jingpin en China ha mostrado ser un líder impulsivo y autoritario realizando purgas y acumulando poder a nivel interno mientras que a nivel externo proyecta su expansionismo hacia Taiwán, el mar de China y Filipinas. En este ya denominado neocolonialismo o nuevo desorden internacional donde las grandes potencias buscan dominar sus zonas de influencia sin atenerse a las reglas pactadas, Putin desde Rusia presiona por conseguir sus objetivos anexionistas en Ucrania amenazando incluso con extenderlos a las repúblicas bálticas.

En este contexto ha surgido la figura de Mark Carney. Para Carney vivimos la ruptura del orden mundial, una ficción agradable hasta hora revestida de multilateralismo y cooperación. Era una ficción útil porque generaba certidumbre económica y EE.UU ayudaba proveyendo bienes públicos en la forma de un sistema financiero estable, mares abiertos al comercio, un sistema defensivo colateral o un marco de resolución de disputas políticas (ONU). Pero este sistema ha dejado de funcionar y no estamos en una transición sino en una ruptura abrupta. Dos décadas de crisis financieras, de salud, energía y geopolítica han puesto de manifiesto que la integración económica global extrema (globalización) ha otorgado a las grandes potencias armas como los aranceles, las cadenas de suministro o la infraestructura financiera que hacen a las potencias medianas altamente subordinadas a éstas.

Europa y las potencias medianas como Canadá se han dado cuenta ahora de que necesitan una mayor autonomía estratégica en alimentación, energía, defensa, finanzas, cadenas de suministros o materiales estratégicos. Como dice Carney sino estas sentado en la mesa estas en el menú y si te dejan participar de las migajas estás en grado de subordinación. Canadá ha firmado en 12 acuerdos comerciales en 12 meses, busca integrarse en el aparato de defensa europea o negocia tratados con India o Catar. Quizás esto nos ayude a comprender porque la UE debe integrarse con Mercosur o porque esta semana hemos firmado un acuerdo comercial con la India o porque a través de Canadá podemos firmar un acuerdo comercial Transpacífico con el ASEAN para crear un área de comercio de 1.400 millones de consumidores. Se trata de aliarse con países con intereses y valores similares a los nuestros para no acabar en el menú.

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