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Eduardo González: «La tecnología, por sí sola, no transforma nada»

Eduardo González, director general de Antonio Cabot Fornés, explica que la transición energética exige disponibilidad inmediata, capacidad de reacción y coordinación real sobre el terreno

Eduardo González explica que el sector necesita proximidad

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Eduardo González, director general de Antonio Cabot Fornés, tiene una dilatada experiencia en el sector. No duda en poner en valor la proximidad real y capacidad de suministro estable de la empresa que lidera.

¿Cómo ha sido su trayectoria hasta llegar a la Dirección General Adjunta de Antonio Cabot Fornés?
Me incorporé a Antonio Cabot Fornés en 2005 con la idea de formarme progresivamente para asumir mayores responsabilidades dentro de la empresa. A lo largo de estos años he pasado por operaciones, administración, marketing, área comercial y logística y, sobre todo, me he empapado de la realidad diaria del instalador profesional. Cuando empecé acababa de finalizar la Licenciatura en Economía y un Máster en Fiscalidad; posteriormente cursé un postgrado en Dirección de Empresas Familiares. No obstante, lo que más me ha ayudado han sido estos 20 años de experiencia directa en el sector, entendiendo cómo funciona realmente una obra, cómo se toman decisiones bajo presión y qué necesita el profesional para cumplir plazos en un territorio insular como el nuestro.

En su ponencia en el Mallorca Energy Summit 2026 habló de la distribución como un factor decisivo en la transición energética. ¿Por qué?
El Mallorca Energy Summit nos permitió poner el foco en una idea clave: la tecnología, por sí sola, no transforma nada. La transición energética no es únicamente una cuestión tecnológica o financiera, sino también organizativa y territorial. La diferencia está en cómo llegan las soluciones, cuándo están disponibles y con qué soporte técnico se implantan. En territorios insulares como Balears, donde la logística es estratégica y los plazos no siempre dependen exclusivamente de uno mismo, la distribución marca la diferencia entre un proyecto que avanza con precisión y uno que se retrasa. La transición energética exige disponibilidad inmediata, capacidad de reacción y coordinación real sobre el terreno.

¿Qué hace diferente a Antonio Cabot Fornés dentro de ese proceso?
El sector necesita proximidad real y capacidad de suministro estable. En Balears, eso no es un valor añadido, es una condición estructural. Disponer de 19 puntos de venta distribuidos en las islas, con stock preparado y equipos que conocen el terreno, permite reducir desplazamientos, urgencias y paradas de obra. Esa organización mejora la eficiencia operativa, pero también tiene un impacto directo en costes indirectos y en emisiones asociadas a movimientos innecesarios. Cuando la logística está bien planificada, la proximidad deja de ser un eslogan y se convierte en una herramienta concreta de sostenibilidad.

¿Qué impacto tiene en el sector hotelero?
Es especialmente relevante. El sector hotelero trabaja con calendarios muy ajustados y temporadas críticas donde cada día cuenta. En un destino turístico como Balears, un retraso en una instalación puede tener consecuencias operativas inmediatas. Cuando el material está disponible a minutos y no a horas de distancia, los proyectos de eficiencia energética, autoconsumo o climatización avanzada se ejecutan con mayor fiabilidad y menos improvisación. Esto no solo mejora la rentabilidad del proyecto, sino que aporta estabilidad a un sector que está realizando un esfuerzo importante para avanzar hacia modelos más sostenibles y eficientes.

Habla también de una sostenibilidad previa, la de la cadena de suministro. ¿A qué se refiere?
Antes de que un equipo eficiente empiece a generar ahorro energético, ya pueden haberse consumido recursos innecesarios durante su instalación. Cada desplazamiento evitable, cada urgencia o cada falta puntual de material implican tiempo, coste y energía perdidos. La sostenibilidad no comienza cuando el sistema se pone en marcha, sino cuando se planifica correctamente su ejecución. Optimizar la cadena de suministro, reducir kilómetros y evitar interrupciones forma parte de una visión más amplia de la transición energética, especialmente en un entorno insular donde la eficiencia logística es determinante.

¿Qué papel juega la empresa en este ecosistema?
En Balears, un distribuidor no puede limitarse a suministrar producto; debe actuar como partner y como infraestructura de soporte para la transición energética. Mientras gran parte del debate se centra en la innovación tecnológica, alguien tiene que garantizar que esa tecnología llegue con fiabilidad y se implante sin fricciones. La capacidad de stock local, la cercanía y el conocimiento del terreno permiten resolver incidencias, replanteamientos en obra y necesidades urgentes sin depender de plazos externos difíciles de asumir en una isla. Además de nuestra apuesta interna por energías renovables, iluminación eficiente y mejoras progresivas en la flota, nuestro principal valor está en facilitar que instaladores, hoteles e ingenierías ejecuten sus proyectos con mayor precisión y menor impacto operativo.

¿Cuál es la visión de futuro?
Seguir reforzando un modelo adaptado a la realidad insular: mayor proximidad estructurada, más capacidad de stock estratégico, más soporte técnico y acompañamiento en proyectos cada vez más complejos. La transición energética en Balears no dependerá únicamente de la tecnología o de la financiación, sino de la coordinación efectiva entre todos los actores del territorio. En un entorno insular con alta presión turística y una logística exigente, la eficiencia organizativa será tan importante como la innovación. En Balears, la proximidad no es solo una ventaja competitiva; es la base para que la transición energética sea viable y sostenible en el tiempo.

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