Águeda Parra, analista experta en el entorno geopolítico y tecnológico de China, trató de desentrañar los interrogantes que envuelven la próxima década y el tránsito hacia un mundo multipolar en el que el actual hegemónico, EEUU, presumiblemente va a ir cediendo parcelas de poder.
Una de las grandes dudas es si el imperio en declive va a aceptar de manera natural y relativamente pacífica este reajuste de los equilibrios o si, por el contrario, como advertía recientemente el presidente chino, Xi Jinping, va a caer en la trampa de Tucídides, concepto que retrotrae al origen de la guerra del Peloponeso, cuando la potencia en retroceso –Esparta– atacó a la potencia emergente –Atenas– como medida preventiva.
«La próxima década va a ser una década decisiva», señaló Parra para explicar que «Washington y Pekín van a seguir midiendo fuerzas en esta geopolítica en transición» en una carrera donde «la tecnología va a ser determinante». Gran parte de la batalla gravitará en torno a la IA, donde China lleva tiempo afianzando ventajas competitivas no solo en el desarrollo de sus propios modelos, sino también en campos aledaños como el de la robótica o el de los códigos abiertos.
De hecho, un factor diferencial ha sido Deep Seek, «un producto de la geopolítica» y «un modelo de código abierto a través del cual otras economías han podido desarrollar su propia IA». El papel de China, en ese sentido, integra «un despliegue de diplomacia tecnológica».
Al respecto, Parra hizo hincapié en su dominio creciente en la producción de baterías eléctricas y su distribución en los mercados internacionales. China se perfila también como líder global en la implantación de la IA en redes eléctricas en un contexto, por otro lado, de desdolarización de los mercados.
Las políticas de seguridad nacional juegan también su papel, ya que, hace tan solo unos meses, China aprobó una nueva política mediante la cual puede tomar represalias contra empresas que amenacen con desestabilizar sus industrias estratégicas y cadenas de suministros. «Todo esto no significa que vayamos a un choque EEUU-China, pero sí hacia una reconfiguración constante de las reglas del juego globales».