Marga Vives Palma
Erik Monreal Bringsvaerd (Las Palmas de Gran Canaria, 1969) disecciona con bisturí de especialista los sesos de la enrevesada jurisprudencia laboral. Lo suyo es el ámbito de la negociación colectiva, que defiende con la pasión propia de quien cree en los cimientos del modelo. Licenciado y doctor en Derecho por la UIB, actual profesor titular en el campus palmesano, su ensayo "El mercado de trabajo en el sector turístico en las Islas Baleares: ley y convenio colectivo" recibió el Accésit del I Premio de Investigación del CES (Consejo Económico y Social).
El empleo vuelve a ocupar las portadas de los periódicos.
Es un tema recurrente. Siempre que la economía atraviesa una fase crítica, surgen las dudas sobre la adecuación del marco jurídico laboral a las necesidades de las empresas; se acusa a nuestro mercado de trabajo de escasa flexibilidad y se dice que en España los trabajadores son poco productivos.
¿Es certero este análisis? Decía el director del CRE (Centre de Recerca Econòmica) que el problema es que el mercado de trabajo de Balears ha crecido en volumen pero no en productividad y que necesariamente habrá de producirse el reajuste. ¿Lo comparte?
De hecho, algo de eso ya está sucediendo con los ERE (Expediente de Regulación de Empleo). Yo creo que existen las bases para ganar en competitividad sin tener que reformar el mercado de trabajo. Con la reforma que ya se realizó en 1994 la flexibilidad se instaló en el sistema, pero las posibilidades que hoy nos ofrece la legislación laboral no están bien aprovechadas. Las organizaciones empresariales y los sindicatos deberían dejar de negociar 'a cara de perro' y apostar por un modelo de negociación colectiva más transaccional, capaz de adecuar a la realidad de la empresa las condiciones de trabajo esenciales para la competitividad. Hoy podemos pactar jornadas anuales de 1.800 horas, que el empresario dispone de la forma que quiera. Pero si miramos los convenios colectivos del sector turístico -que es lo que yo he hecho en mi trabajo- parece como si todas las empresas hoteleras de Balears funcionaran como fábricas. Se puede vender como un logro de los trabajadores el no trabajar más de 40 horas a la semana, pero todo lo que sea gestionar con arreglo a esquemas del pasado unas condiciones de trabajo esenciales en la economía de nuestras empresas turísticas, redunda en perjuicio de la empresa y del trabajador, que ve disminuida su empleabilidad.
Además de la estacionalidad, ¿qué otras particularidades presenta el mercado de trabajo en Balears?.
Efectivamente es un mercado fuertemente estacional. El papel de los poderes públicos y de los interlocutores sociales ha sido muy positivo; han dado carta de naturaleza al trabajador fijo discontinuo y se le ha dotado de un régimen jurídico y de una protección muy importante. Ésa es una seña de identidad de nuestro mercado de trabajo. Además los empresarios y los sindicatos han demostrado su capacidad para anteponerse a los problemas. La Fundación para la Prevención de los Riesgos Laborales y el TAMIB (Tribunal de Arbitraje y Mediación) son algunos de los frutos y se deben tener como referente para la remodelación de la negociación colectiva. Los interlocutores sociales pueden hacerlo, otra cosa es que quieran.
¿No quieren hacerlo?
No sé. Hay un enfrentamiento bastante visible y cada uno está enrocado en su posición y ninguno quiere ceder, porque no ve clara la contrapartida. Hace falta un cambio de lógica radical.
¿Pero ése no es el enfrentamiento que siempre han escenificado sindicatos y empresarios?
Claro, la oposición de intereses es algo antológico, pero en el marco de esta oposición de intereses uno puede negociar con vistas a obtener un acuerdo o simplemente de cara a la galería. Yo sólo estoy diciendo que la autonomía colectiva ha dado muestras de que en Balears puede llegar a altos logros y que, en estos momentos de crisis, hacerlo requiere un esfuerzo por ambas partes. Una respuesta adecuada de los interlocutores sociales podría ser muy útil para situarnos en una posición de vanguardia como Comunidad que lidera la reacción de las economías productivas frente a los efectos adversos de la crisis. Yo pienso que el modelo productivo hay que empezar a cambiarlo por la base. Y la base está en la negociación colectiva.
¿Hemos entendido mal el modelo?
Hay un término acuñado por la UE que es el de 'flexiguridad', un intercambio equilibrado entre flexibilidad a favor del empresario y seguridad para el trabajador a lo largo de toda su vida laboral. El trabajador cede su disponibilidad al empresario y éste, a cambio, respeta escrupulosamente todos los derechos que se entienden como irrenunciables y que componen un entorno laboral satisfactorio.
El mercado en Balears, ¿genera empleo de calidad?
El empleo, hoy, en Balears, no puede decirse que sea de una calidad visible. Hay indicadores como la siniestralidad, el índice de temporalidad o las diferencias salariales por razón de sexo que indican que todavía queda un camino por recorrer para conseguir un modelo de calidad.
¿Es consecuencia directa de la falta de formación?
Sí, sí. El legislador estatal lleva haciendo esfuerzos importantes desde hace varios años. También los interlocutores sociales. Pero, pese a estos esfuerzos, sigue siendo la asignatura pendiente, en Balears y en España, en general. La pelota no está sólo en el tejado de los empresarios sino principalmente de los poderes públicos autonómicos y locales. La oferta formativa por parte de éstos es insuficiente y la cultura formativa por parte de los empresarios es incipiente.
¿Debe abaratarse el despido?
Es algo que no tengo claro. Es cierto que tenemos una de las indemnizaciones por despido más elevadas de Europa. Pero también es verdad que, desde el 97, existe un tipo de contrato fijo en el que se reduce el número de días y la cuantía de la indemnización. En cualquier caso no pienso que ésa sea la medida más importante ahora para mejorar la situación de las empresas.
¿Le sorprenden las medidas continuistas adoptadas por la nueva propiedad de El Caserío?
La verdad es que sorprende mucho. Es algo extremadamente positivo, pero también es excepcional. Lo normal es que aquellas empresas que encuentran dificultades para gestionar los recursos humanos en nuestro territorio se lleven la producción a otros territorios con mayores posibilidades. Esto debe hacer reflexionar sobre la conveniencia de contar con condiciones de trabajo ajustadas a lo que piden las empresas, porque si no se van.
¿Qué le parecen los pactos firmados en el Consolat de Mar?
Parece que existe voluntad política de que estos acuerdos sean algo más que textos 'florero'. A día de hoy no podemos hablar más que de bases para plantear un avance significativo en la mejora de nuestro mercado de trabajo, pero bien actuados pueden llegar a mostrar su utilidad, incluso a corto plazo.
¿La conciliación de la vida familiar y laboral es una quimera?
La sensibilidad social hacia esta cuestión empieza a ser palpable, pero queda mucho por hacer y esta política de conciliación es una de las piezas clave de la 'flexiguridad'. No se puede perder de vista ninguna de estas 'aristas'. Los paquetes de incentivos actuales son insuficientes y también lo es el régimen jurídico en este aspecto, a diferencia de los países nórdicos. Hoy, si una mujer quiere compatibilizar la vida familiar y vida laboral le va a costar dinero.